miércoles, 9 de junio de 2010

Cuento para ella..

Son historias descobijadas en las noches de silencio, cuando se contaban leyendas ya borrosas en las mentes de los trovadores de la época. Pero es que en el juego del destino no existen trucos ni sorpresas, y el futuro toma café con el presente.

Son relatos de amor de una época antigua, cuando el río cantaba a las noches, y las estrellas bailaban alrededor de la luna. Son suspiros que endulzan el paladar de la vida.

En una época no muy lejana, en un pueblo envuelto por el esplendor de un amanecer, existía un reino antiguo de importante linaje. La fecha marcaba 19 del octavo mes y el nacimiento de la princesa hacía sonar la campana del castillo, sonido resquebrajado y con eco profundo en el corazón de las montañas.

Es de recordar que ese día los ríos corrían más rápido, los peces bailaban al ritmo de la corriente, el sol brillaba más y la brisa tenía un aroma especial. No era un día cualquiera. La heredera del trono acariciaba por primera vez la vida, y la arropaba un abrazo materno.

Sus ojos abrieron la puerta de su alma, y un silencio reinó en el salón. De pronto un llanto acelerado arremetió contra la incertidumbre y las lágrimas de felicidad aparecieron.

Su sonrisa era capaz de iluminar la más grande oscuridad, su rostro era fiel reflejo de lo que la gente en aquella época llamaba “ángeles”.

No muy lejos de ahí, en una pequeña villa, un niño de no más de 3 años jugaba a orillas del río. Ojos grandes, tez blanca, sumamente inquieto y extremadamente llorón. Si tan solo el destino nos permitiese observar una maqueta de su plan, si tan solo la vida pudiera conversar una tarde lluviosa con nuestros corazones.

Quién iría a imaginar las sorpresas que están guardadas en ese baúl tan buscado por todos que llaman felicidad. Son vueltas que da el camino, son pinceladas de amor con tintes de un sueño.

Aquél día este niño perdió su mirada en el fondo del río, y una fuerte brisa acarició su rostro. En instantes cerró los ojos y sin darse cuenta cayó dormido en el césped, con los pies dentro del agua y la cabeza apoyada en una piedra.

Conforme pasaban los años, la princesa crecía en medio de dificultades. Paso a paso su personalidad iba siendo fabricada por cada experiencia. Sus metas se definían lentamente, y sus sueños los pintaba con tintas imborrables en su corazón.

Era decidida, de carácter fuerte, una mujer de principios; en pocas palabras, era una mujer digna de ser la heredera del reino. Su capacidad humana e intelectual iban más allá de las expectativas, y sus decisiones y actitudes del día a día la iban convirtiendo en una líder y un ejemplo a seguir para las demás jóvenes del reino.

Muchos hombres de sangre azul la cortejaron. Por años resistió el ataque de falsos caballeros que intentaban engañar a un corazón sincero con sus palabras de Don Juan.

Sin embargo, ella no había sentido en su corazón, ese latir especial que se siente cuando se está en presencia del amor de su vida; ese olor único que hace química en los enamorados y que es capaz de hacer milagros; esa sonrisa inquieta y nerviosa; esas noches desveladas pensando en su amor.

Quince eran los años que habían pasado desde aquel día glorioso en donde las mañanas comenzaron a saber más dulces, y los atardeceres se convirtieron en caricias a los labios.

La princesa, más preciosa que nunca, decidía por primera vez salir del castillo, pues se le tenía prohibido por razones de seguridad. Con fuerte protección y en un intento de parecer una persona común, la princesa comenzó a caminar por aquellos largos y polvosos caminos que dibujaban aquel pequeño pueblo.

A lo lejos miró un río, cansada y acalorada caminó hacía él. Su latir se intensificó; un dulce olor a miel calmó su rostro extrañado, y sonrió.

Ochenta eran los años que habían pasado ya desde aquél día glorioso, y ahí, a orillas del río, un anciano acostado, con los pies dentro del agua y la cabeza apoyada en una piedra, abría los ojos luego de descansar, y a su lado, la princesa del reino, su esposa, lo miraba con una sonrisa inquieta, y un beso le dio.

martes, 8 de junio de 2010

La flor de un sueño..


Sentado al borde de aquel río que parecía no tener fin, vi su sombra pasar sobre el agua; como ángel que desviste la belleza de la naturaleza y la empapa de dulzura en el recuerdo de cada beso y cada caricia. Es la ternura que refleja sonrisas en los corazones enamorados y que laten sin rumbo fijo.

Y son sus ojos el espejo que da muestras de maravillas entre los que no creen en el amor; su mirada, aquella penetrante y a la vez tan austera, fue la que me cautivó; me hizo caminar hasta ella con el único objetivo de tenerla entre mis brazos y no soltarla nunca jamás; con la única meta de hacerla feliz hasta el último de sus días.

Porque el amor es motor de emociones y sentimientos, capaz de resucitar el espíritu más perdido entre los sinsabores de la tristeza y el dolor; porque es el amor el único culpable de tanta belleza en el mundo, de las flores en las praderas, de los colores en los jardines, de la vista en el atardecer, del destello en el cielo estrellado que baila canciones de abrigo en el frío de la soledad y se convierte en cobijo de la felicidad, a la que protege como si no existiera un mañana.

Cada sonrisa de ella se compara con mil amaneceres, cada beso es la caricia del cielo que da vida al más muerto, cada palabra es el sonido más claro que viene de donde nace el calor del sol, cada mirada es la luz de la luna que me guía en medio de la oscuridad.

Es entonces un sueño de delicadas pinceladas, que forman la pintura de mi felicidad, y en cada trazo una historia que contar, y en cada color una sonrisa que asociar.

Aunque la lluvia lastime su recuerdo, y la neblina juegue en su contra; no existirá en este mundo nada más perfecto que el amor. Aunque su rostro constantemente cambie; o si se mantiene igual al pasar de los años, ella siempre va a existir. Y existo porque ella existe; y fuimos creados para estar juntos, porque ese es el destino; porque este es nuestro amor.

No importa lo que pase en el camino, lo importante es a dónde queremos llegar. Porque un sueño es un castillo en el aire que un día decidimos construir. Cada piedra, cada "te amo"; cada techo, cada abrazo. Y en el patio aquella flor que murió por tí; la misma que te dibujé en aquel cuadro...el cuadro de un sueño por cumplir.

Y esa ventana, será la llave de nuestro futuro, que se esconde tras el cristal vulnerable. Cuando llegue el día, vas a ir a nuestro patio, vas a ver justo a tu lado la flor de la que te hablo. Y recordarás entonces aquél dibujo pintado a mano, aquél que tanto he soñado...el mismo que guindaba en el techo de tu cuarto.

lunes, 7 de junio de 2010

Valores


Era el típico lugar donde jamás pensé que iba a estar. De repente estaba ahí. Un mar de pensamientos y reflexiones ahogaron mi mente, y fue difícil luchar contra todos ellos. Aquella luz con ritmo, aquél olor desagradable, la oscuridad obvia en la que se estaba; como quienes quieren esconder su moral bajo la sombra parpadeante.

No es cuestión de superioridad moral. Aquí realmente se aplica "el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra". Y porque básicamente en la posición del juzgador es lo más sencillo hacerlo: lanzar la primera piedra. Porque desde esa perspectiva se ve mucho más grande la paja en el ojo del otro que el tronco de madera frente de nosotros.

Sin embargo, no es ningún secreto (y el que me diga que no estoy en lo correcto, lo quisiera escuchar bien fundamentado en su argumento) y no se trata, obvio está, de generalizar. Es sencillamente una realidad que vivimos actualmente: "la verdad no peca, pero incomoda". Y por supuesto, incomoda al que le incumbe; incomoda al que le aplica. Así que, sin ánimos de jugar de juzgador, ni de moralmente superior, sencillamente con la idea de recalcar una realidad es que escribo todas estas palabras. Sin embargo, con un poco de picante en este plato de conversación: al que le cae el guante...que se lo plante.

Vivimos una época de abundancia en muchas cosas que poco valor tienen. Existe mucha plata, derrochada en unos pocos; existe muchos alimentos; repartida en los mismos pocos; existe mucha tierra, que el hombre se encargó de privatizar y dejar a millones de personas sin un espacio donde vivir. A pesar de que sobran tantas cosas injustas en este mundo, hace falta lo que es más importante en la vida: valores.

Los valores poco a poco han pasado a ser como los televisores a blanco y negro: antigüedades sin mayor relevancia en el mundo actual por la cantidad de nueva tecnología y formas más interesantes de entretenernos. Son como los pañuelos que todos nuestros abuelos se ponen en la bolsa de atrás de los pantalones; o como pedir la mano de la novia a los padres; o como salir a jugar a la calle: sencillamente son cosas del pasado, y que el tiempo ha convertido en irrelevante su función en el mundo.

Paso a paso, los valores han pasado por una serie de filtros, manejados por las nuevas modas y formas de diversión y entretenimiento que el hombre ha consagrado como estilos de vida (erroneamente) relevantes y como puntos de partida para todo aquél que pretenda, si acaso, ser parte de una masa global que funciona casi con un cerebro común; mentes practicamente manejadas consciente y subconscientemente por las tendencias sociales que son los mandamientos de una juventud con amnesia.

Hoy, lo importante no es conocer a la persona que uno quiere amar el resto de su vida; extrañamente lo importante ahora es disfrutar sin control, sin ataduras; disfrutar cada noche tapando con una cobija de engaño todos los sentidos que conduzcan a actuaciones morales, basadas en principios y convicciones que realmente tenemos. De esta forma, una vez que pase el momento donde nos fallamos a nosotros mismos; es decir, a la mañaa siguiente, nos quitamos esa cobija y como quien dice "aquí nadie vió nada". Los recuerdos parecen parquear en una zona de olvido instantáneo; más que todo en una forma de defensa de la mente para no tener el momento incómodo de discutir con la consciencia; ese famoso Pepe Grillo que debería de poner contra la pared cada una de nuestras actuaciones y servir de advertencia de que hay algo mal, que hay que tenerlo presente y, lo más importante, que hay que hacer algo para que eso deje de pasar.

Hay que tener cuidado. Las personas que deciden vivir confundiendo la diversión con la falta de valores, va a llegar un momento de la vida donde muy probablemente se den cuenta de que eso no era lo más importante realmente; y tal vez en ese momento sea muy tarde para recuperar muchas cosas que dejaron en el pasado por escoger otro estilo de vida.

Si bien es cierto que no todas las personas tienen este "modus operandi", casi me atrevo a decir que (tristemente) una mayoría si lo hace. Ojo, jamas estoy diciendo que lo que digo es santa palabra, ni estoy creyendo que soy una persona moralmente superior con la potestad de juzgar, no. Sencillamente estoy pasando el marcador sobre un reglón de un libo que ya está escrito; un libro sobre la realidad de nuestro tiempo; un libro sobre el olvido de los valores en este mundo.

Muchas cosas se pueden explicar como consecuencia de este alejamiento de la sociedad con los valores reales y generales que deberíamos de tener. Hablo de valores que principalmente se podrían resumir (personalmente) en uno solo: respeto. Porque el respeto es como la cabeza de un pulpo; y cada uno de sus brazos es la derivación de otro valor. Porque cuando me respeto a mí mismo, procuro a cada instante no fallarme; al no fallarme a mí me hace menos propenso a fallarle a las personas que me quieren. Ya con solo eso, estaríamos ahorrandonos la mitad del sufrimiento, causas de suicidios y depresiones que experimentan las personas cuando sienten el dolor que provoca la decepción cuando alguien nos falla.

Al fin y al cabo es más sencillo de lo que parece. No hay que hacer mucho esfuerzo, y es un trabajo que se hace uno a uno entre todos. No creo que estemos a las puertas de un Sodoma y Gomorra; tampoco creo que estemos en un punto de no reversa. Siento que todavía estamos todos a tiempo de descubrir las cosas realmente importantes en este mundo; todo aquello que nos vaya a dejar algo qué llevarnos en el espíritu una vez dejemos este lugar. Algo que nos haga sentirnos orgullosos, con esperanza de un mejor lugar dónde vivir.

Y todo esto, obvio está, aumentaría de forma exponencial la cantidad de sonrisas entre todos nosotros, y eso es el objetivo de todo en esta vida, ¿no?

sábado, 5 de junio de 2010

Destino


No se realmente si será así, pero definitivamente la vida poco a poco me ha ido dando a entender que así puede ser. Han sido muchos los detalles, famosos "flashasos" (realmente no se si escribirlo con "z" o con "s"...incluso no sé si hay alguna forma correcta de escribirlo) que se muestran en instantes de cada día, que me han hecho pensar que todas y cada una de las cosas que nos suceden, tienen su razón de ser.

Tal vez la parte difícil de entender esto, es porque estamos acostumbrados a entender las cosas por los eventos en el pasado; me explico un poco, si pongo mi mano en el fuego, me quemo y por consiguiente me va a arder la mano. En este punto yo explico la razón de que me arde la mano por un evento en el pasado, es decir porque puse la mano en fuego.

Pero, ¿cómo le explico a mi cerebro algo que no va a tener razón de ser hasta algún otro momento en el tiempo? Y es ahí donde todos pasamos por etapas de negación, la típica preguntadera necia que nos dá, los cuestionamientos a lo terriblemente malvada que es la vida, y muchas otras reacciones completamente normales y entretenidas que tenemos.

Aquí se puede abrir una clase de paréntesis, y comenzar a reflexionar si realmente la vida es la culpable de las cosas indeseadas que nos pasan, o si realmente las decisiones que tomamos cada segundo (ojo, decisiones que tomamos nosotros, partiendo del supuesto de que nadie nos pone una pistola en la cabeza para tomarlas) influyen en las consecuencias que obtengamos. Porque por supuesto que es muy sencillo buscar culpables externos; el problema de esa búsqueda es que actúa como pañuelo que tapa los ojos de la conciencia y nos aleja definitivamente de encontrar verdaderos culpables y, de esa forma, reformarlos.

En fin, creo que todos hemos vivido la típica situación en donde llegamos a entender el por qué de las cosas que nos pasaron en el pasado, y que en esa circunstancia en específico no habíamos logrado entender; porque cuando estamos en medio del caos nuestros sentidos básicamente aprietan el botón que dice "off" y se duermen. Y no es hasta que ellos despierten que se puede hacer un análisis mucho más objetivo y realista de las cosas; es en ese preciso momento donde entendemos, o al menos sopechamos de la existencia de un destino.

Destino que llamaremos a ese plan maestro en donde todas sus partes poco a poco se acoplan de manera perfecta, sin importar el desorden que se crea que existe en algun momento, ese desorden tiene su razón de ser; pues de no ser por él, el orden que luego encontramos jamás llegaría. Es un concepto que aún conociendolo no nos exime de los momentos malos en la vida, sin embargo pueda ser que sea un primer paso en un camino hacia ser personas mucho más emocionalmente estables y mantengamos nuestros esfuerzos direccionados principalmente para ser realmente felices, teniendo el conocimiento de que lo que nos pasa hoy, se puede explicar mañana.

viernes, 4 de junio de 2010

Ensayo mujer y derechos


Han pasado ya muchos años desde que se comenzó a hablar de un tema de esos que son como secretos a voces. Tema que poco a poco pasó a ser determinante para el desarrollo no solo del ser humano como persona sino como para la sociedad en general. Muchas luchas se han tenido que librar, y tal vez muchas vidas se perdieron en el silencio de una mujer callada, pero para bien de nuestro tiempo ese silencio se acabó.

Quizás el problema inició hace mucho tiempo. La sociedad cuando se comenzó a formar y a poner sus cimientos, se fue convirtiendo en una sociedad patriarcal, donde la persona a respetar, líder y guía de la familia era el padre. Desde ese momento la mujer quedaba limitada a las actividades complementarias y subordinadas del hombre. Por supuesto, el hombre, haciendo alarde de su fuerza física se logró imponer, contando con la colaboración de un mundo con falta de leyes y consciencia social.

Siglos tuvieron que pasar para que la mujer fuera logrando asomarse por las rendijas que las escondían. Pero en cada intento de alzar la voz eran castigadas o calladas por la sociedad, que en general las apartó de cualquier actividad o puesto importante. Solo para dar un dato histórico, quizás una de los primeros documentos de la historia que propusieron o insinuaron la emancipación de las mujeres fue la “Declaración de los Derechos de la mujer y de la Ciudadana” escrita en 1791, parafraseando el texto fundamental de la Revolución Francesa de 1789.

Poco a poco las mujeres en cualquier lugar fueron alzando su voz, y mostrándose cada vez más donde se suponían que no deberían de hacerlo. Fue su valentía y coraje lo que les permitió abrirse mundo donde existía lo impensado. Y así, paso a paso fuimos entendiendo por qué ellas son realmente llamadas el “sexo fuerte”. Y en un mundo cada día más dirigido hacia la globalización, las corrientes de este tipo no se hacían esperar para llegar a cada rincón del planeta.

En nuestro país, el momento cumbre del movimiento a favor de los derechos de las mujeres fue en 1949, cuando se les dio el derecho de elegir y ser elegidas. Han pasado ya 61 años desde ese momento y los avances en esta materia han crecido de forma exponencial. Se fueron viendo mujeres ocupando puestos importantes en empresas, se formularon políticas para exigir cierto porcentaje de participación femenina en las instituciones gubernamentales más importantes. Todos estos son hechos que hace un siglo hubiese sido sencillamente inimaginable para cualquier persona.

Hoy en día existen mujeres que tienen bajo su responsabilidad países enteros. Tal fue el caso de Michelle Bachelet en Chile, o Angela Merkel en Alemania. Y ni siquiera hay que pensar en otro país; Costa Rica pasó a la historia eligiendo a la primera presidente mujer del país, un logro importante que viene a sellar con broche de oro el triunfo de las mujeres en su participación dentro de la sociedad. Ha sido un paso importante en la búsqueda de un mundo más justo e igualitario en términos de derechos. Las mujeres representan y han representado siempre la fuerza que ha movido todas las fuerzas en este mundo, pero siempre se les mantenía escondidas tras el rostro de un hombre; sin embargo hoy son ellas la cara del triunfo y de la lucha por la igualdad de derechos.

jueves, 3 de junio de 2010

Mismo lugar; distinta persona



Fue ya hace varios meses cuando estuve ahi. No ha sido mucho tiempo, sin embargo en mis circunstancias tampoco ha sido poco. Recuerdo como se veían las cosas en ese momento. Era todo más denso, incluso más amargo el sabor del aire. Incluso, llegué a pensar que así iba a ser todo de ahora en adelante; creo que es el mismo sentimiento que todos tenemos cuando estamos ahí.

Ha sido un tiempo de reingeniería personal. De hecho, gracias al tiempo hoy puedo estar seguro de conocerme mucho más; aprender un poco más sobre los límites de las cosas; aprender que las emociones son como estrellas fugaces que aparecen y desaparecen cuando les viene en gana; sin embargo creo haber entendido algo aún más relevante: es esa la propiedad de las emociones que las hace más únicas, preciadas y esperadas por cada uno de nosotros. Tal vez si las emociones y los momentos preciosos fueran permanentes, llegaría un momento donde dejáramos de valorarlos de la forma que realmente deberíamos.

El problema obvio de esto, es que la mayoría no valora las cosas como debería de valorarlas, muchas veces por creer que tienen la propiedad de ser perpetuas. Aún sabiendo que no es de esa forma, actúan una y otra vez como si así fuera. Una vez más: se necesitan resultados definitivos para lograr cambiar los paradigmas infundados que muchas veces tenemos en la vida.

Hoy, por motivos de la vida, me tocó la oportunidad de volver al lugar exacto donde había estado meses atrás. Era un lugar específico, atado a un pasado reciente que me había estado carcomiendo mis ganas de respirar; pero que por dicha el tiempo y la razón se han juntado para hacerme tomar las decisiones más justas y razonables posibles; al menos hasta ahora; al menos así lo creo.

El camino hasta aquí fue largo, incluso peligroso. La calle no es de las mejores del mundo, cosa que ha quedado bastante clara. La lluvia fue compañera del camino, dificultando mis posibilidades de observar hacia adelante, observar mi camino. Muchos rayos, neblina, lluvia que arremetía contra la tierra como balas de la naturaleza repletas de hidratación.

Una vez más cerca del destino, y ya habiendo dejado atrás la lluvia, el horizonte de la carretera parecía llegar al final del cielo, y este se partía en dos. Increible y a la vez maravilloso; de un lado completamente gris, del otro el sol se asomaba con lo celeste del cielo despejado; era como la sonrisa de Dios que se colaba entre lo oscuro de las nubes.

Una vez aquí solo faltaba caminar. Y eso hice. La mañana amaneció soleada, caliente. Ese aire cálido que parece surgir de entre la arena. Sin embargo esperé. Horas más tarde, y por la ventana de mi habitación, ví a lo largo aquél manto blanco y gigante que poco a poco se venía devorando el mar. Cada vez más rápido el hoizonte era completamente tapado por la neblina que traía consigo aquella lluvia torrencial.

Decidí que ese era el momento. Entonces comencé a caminar. Tenía muy claro el destino exacto al que tenía que llegar; mismo al que había ido unos meses atrás; donde las dejé enterradas, bajo la arena. La playa estaba completamente sola, como si Dios mismo me estuviera regalando aquél momento y aquél lugar para mí, y solo para mí. La lluvia cada vez más fuerte sobre mí, cerrando los ojos podía imaginar que eran pequeños besos, caricias que la naturaleza me recetaba para seguir. El único sonido era el de las olas; tercas e incesantes. La lluvía hacía ese sonido especial y único de cuando golpea el mar y los árboles. Era silencio, silencio natural; era como estar escuchando la propia voz de Dios susurrandome al oído.

A lo lejos vi aquél lugar. El mismo tronco caído, la misma piedra de hace unos meses atrás; mas yo no era la misma persona. Y fue ese preciso momento donde todo tuvo sentido, el momento donde un ciclo dio la vuelta total. Era la representación exacta de un momento en el pasado, pero con emociones, pensamientos y sentimientos mucho más claros y certeros.

Solo me senté de rodillas en la arena; escribí en ella lo que desde un principio tenía que haber escrito con mis dedos:

¡Dios!

miércoles, 2 de junio de 2010

Cuatro paredes


No sé si hay alguien afuera de estas paredes, que logren escuchar el rechinar de los dientes de mi dolor; que tenga la capacidad de percibir el sufrimiento que me aplasta. No sé si aun cuando esta persona estuviera al otro de esa pared lograría hacer absolutamente algo para liberarme de este infierno.

Ya perdí la cuenta del tiempo que se ha consumido en la perpetuidad de cada instante en este lugar; las paredes repletas de contadores no me permiten continuar; de cinco en cinco se han acabado los días que este lugar tan siquiera puede contar. Y no sé en qué momento me abandonó la certeza de la duración de los días; en qué momento se durmió dentro de mí la cordura que me quedaba.

No recuerdo el rostro de una mañana ni la mirada del atardecer; no recuerdo la sensación de una caricia ni la dulzura de un beso; por más que trato no recuerdo cómo se escuchaba un "te quiero" al oído ni un buenas noches a mi lado, en la cama; no saboreo la alegría de una sonrisa ni la emoción de un suspiro; muy dentró de mí se perdió la ilusión y la esperanza que hace un tiempo eran la base de mi vida, mi razón de despertar cada mañana; por más que intento, no recuerdo el calor de un abrazo...el sonido de la lluvia...la sensación de una brisa cálida...el canto de los pájaros por las mañanas...incluso no recuerdo la textura de tu piel, ni el sabor de tus besos, y se me dificulta recordar tu cara.

Entre más analizo las cosas no llego a entender las razones que me trajeron aquí. La memoria se me escurrió entre las manos y el tiempo parece ser infinito, parece ser parte de la eternidad de lo injusto y el dolor. El tiempo han sido heridas que gota a gota han desangrado de fortaleza mi vida, y lentamente he ido perdiendole el ritmo al camino; camino cada vez más angosto y difícil de andar.

Pero todo eso terminó anoche. Quién iba a imaginar que una noche, en su silencio y oscuridad, iba a permitirme salir de este estado de desconsuelo y agonía; libre de la lástima a mí mismo, aún en medio de esta situación, encontré en un sueño el motor que me alimenta y me da fuerza. Escondido en ese sueño estaba aquél conejo que tantas veces seguí por el bosque, y que tantas veces me engañó y me perdió; pero hoy, es ese mismo conejo el que me guía en la ruta incierta y descolorida que me sacará de este lugar olvidado por Dios.

Y el recuerdo de la experiencia vivirá conmigo tatuado en mi piel; y a su vez, tatuaré en estas paredes los sinsabores de mi vida, y que permita de esta forma, salir al que entre a este lugar; y dejaré impregnado de emociones y sentimientos cada ladrillo; y continuaré en mi busca, en mi aprendizaje para volar; espero que también puedas aprender a volar.

Learning to fly!

martes, 1 de junio de 2010

4:4


Preocupación. La que siente ese hombre afuera de la sala de operaciones para saber si su esposa vivirá; la que pretende soltarle las manos a la seguridad y los deseos que en ella se enmarcan; la que asusta y reactiva los sentidos más agudos, los que parecían estar dormidos en la cama del desconcierto.

Estrés. El que desespera cuando una ola nos atrapa en su fuerza y nos hace chocar contra la arena; el que aparece siempre que las circunstancias nos apremian y el control de las cosas se pierde en la maraña de lo desconocido, que prontó se sabrá; el que carcome como hormiguero los pedazos de cordura que quedan luego de exactamente aquél momento.

Presión. La que sentimos por cumplir expectativas de los demás y nos conduce poco a poco a la inexorable perdida de nosotros mismo; la que nos estripa contra la pared como cuando el tiempo nos aplasta los minutos, minutos que avanzan como carrera por la vida; la que algunas veces nos activa aquellos puntos del cerebro que nos permiten actuar de una manera más acertada...pero solo algunas veces.

Decepción. La que se siente luego de un engaño de un ser que queremos con la capacidad de amor de nuestros corazones; la que nos descobija en el frío de la noche y nos hace sentir ese dolor extremo que solo ella saber transmitir; la que actúa como cuchillo que arrebata de nuestro cuerpo la fortaleza necesaria para sonreír cada instante; la que se convierte injustamente en una carga del pasado que determinará muchas reacciones del futuro.

Calma. La que sentimos cuando sabemos que damos lo mejor de nosotros; la que se expresa en cada instante en la vida donde tenemos conciencia de haber hecho lo correcto, a pesar de las consecuencias que eso trajera, que no son más que las mejores que se pueden tener; la que nos permite relajarnos en medio de la tormenta y pensar tranquilamente las cosas, de manera que se pueden tomas las mejores decisiones.

Tranquilidad. La que nos permite mantenernos fuertes en situaciones de tensión; la que siente el que maneja los tiempos y las situaciones de manera sabia y precisa; la que actúa como atenuante de los momentos de desesperación, la misma que mantiene con esperanza a una persona aún cuando está cerca del fondo.

Espacio. El mismo que nos permite conocer las dimensiones de nuetra vida; el que nos proporciona nuestro campo de juego, donde los procesos los manejamos nosotros de manera tal que nada ni nadie influya en nuestra vida de manera negativa; el que nos aleja de la situación la "entre la espada y la pared"..por la simple razón que él maneja la distancia entre las dos.

Autoestima. La que nos permite querernos al nivel óptimo donde el amor por nosotros mismos no permite que las personas nos lastimen; la que nos lleva al punto de lograr no esperar nada de nadie, pues vivimos solos en este mundo, y el único que nunca nos va a fallar es Dios, y en el momento en que somos realmente concientes de nuestra condición en medio de un mundo de injusticias, en ese momento estaremos más cerca que nunca de dejar atrás el dolor de una desilución.

lunes, 31 de mayo de 2010

Malabarista, juglar y payaso..


Cuando abrí los ojos sentí que me asfixiaba y la desesperación sencillamente me arrebató la tranquilidad de mis pensamientos. Yo solo trataba de detenerme a pensar qué era lo mejor, pero no podía respirar. Ya el agua estaba tocando mi cuello y mi cabeza estaba chocando con el techo de aquella habitación inundada.

Son esos segundos eternos que se dilatan conjuntamente con el estrés de no saber qué hacer. Es la impotencia de unas manos amarradas y unos pies encadenados; una válvula que derrocha litros de agua por segundo. Pero ¿qué podía hacer? Era el único pensamiento que lograba colarse en aquel momento. Y por más que analizaba aquella situación sencillamente no entendía cuáles eran mis posibilidades.

Fue entonces cuando cerré los ojos y detuve el pataleo incesante y obstinado de mis pies, y sencillamente dejé que el agua cumpliera su objetivo. Y ahí pasó lo que jamás pensé que iba a pasar. Abrí los ojos y estaba en otro lugar. No era un lugar cualquiera; era aquél sitio que había visto varias veces en mis sueños desde niño. Un lugar que sólo yo conocía.

No era un lugar cualquiera. Era un lugar repleto de magia; colores, sonidos. Ante todo, era un lugar donde la tranquilidad hacía malabares con la calma del vieto al amanecer; un lugar donde la paz se disfrazaba de juglares que hacían música con el sonido del río chocando con las piedras; donde la cordura inflaba globos con sabor a sensatez.

No era un lugar cualquiera. Aquél lugar era un reflejo en el reojo de la felicidad, cuando se tiñe de colores la tristeza y juega a las escondidas con el amor. Era un destello de luz que iluminaba la frente del coraje, encandilandole la vista a la locura. Y sobre la colina en el horizonte se distinguían dos colores que parecían mezclarse con el cielo; como si este sueño tuviera dueño.

Fue cuando pensé. Y sentado frente al mar, cobijado por el calor con ese olor a arena, cerré los ojos y de fondo escuché el sonido de las olas tercas; el canto de las aves eran como el coro de un silencio inexacto; y de acompañamiento dos ardillas correteandose entre ellas. Era la fantasía expresada en sonidos; el entierro de toda preocupación, como quien juega a construir castillos de arena.

Sin darme cuenta solo me dormí, y fue en ese preciso momento cuando miré hacia arriba y el agua llegaba hasta el techo, sentí un ligero intento de la desesperación por acapararme, pero entonces cerré los ojos. Desperté, y el atardecer se pintaba de anaranjados y fucsias, el sol parecía ser devorado por el horizonta y el mar. En ese instante noté lo que nunca había notado. Aún sin el sol, todavía había luz.

Claro. Aún cerca de anochecer existe luz. Y cuando la luz esta presente muy probablemente sirva de guía; aquella luz despues de haberse ido el sol me guío. Abrió mis ojos y acabó con mis paradigmas, entonces caminé por la arena, y en cada huella que quedaba atrás le daba nombre de dolor, recuerdos que hieren la cordura y terminan por asesinar cualquier potencial futuro.

Cuando llegué al final, cansado de tanto caminar, pero ligero de tanto dejar, me acosté en la arena. Dormí. Los gritos de doctores y enfermeras tratando de resucitarme se escuchaban a metros de mí, pero poco a poco se fueron acercando. Abrí los ojos, y al lado de la sala de emergencias en la que me encontraba, como asomandose por la ventana tres personajes:

un malabarista, un juglar y un payaso; con una sonrisa que parecía calcada en los tres...

sábado, 29 de mayo de 2010

Para mi mamá!


Tal vez sencillamente fue suerte o quizás Dios todo lo tenía planeado para que las cosas pasaran de esta forma. No sé si fue la vida o si fue un arrebato del destino que me puso en su vientre, la cuestión que importa es que así fue y que hoy doy gracias infinitas porque las cosas pasaron de esta forma.

No se trata de un amor cualquiera; no se trata de simples caricias o palabras que cambian con el tiempo o que se olvidan entre los minutos de la vida; no se trata sencillamente de una relación de sangre ni de una relación por casualidad; incluso no se trata de un amor real pero que depende de circunstancias ni del tiempo ni de los problemas.

Se trata de la pureza que tiene la delicadeza de una catarata en medio del bosque, es el amor personificado en alguien que sé que va a estar ahí en las buenas y en las malas; se trata de la única persona en este mundo a quién podría confiar mi vida entera, porque ha demostrado con hechos la grandeza de este amor.

Y es que no han importado sus años de lucha sin final, ni sus constantes golpes en la vida; no han sido suficientes años enteros de tristeza y depresión para que ella perdiera su carisma, sus ganas de ayudar, su pasión por hacer el bien, su convicción de ser guiada por Dios, su sabiduría en todo momento, sus consejos siempre acertados, su control sobre las cosas.

Incluso cada grito, cada pelea que parecía eterna, cada llorada...siempre terminó en un beso y un abrazo, en palabras de aliento y de amor. Aún en medio de las peores discusiones se podía respirar preocupación de una madre dedicada a sus hijos; y esa fortaleza que siempre se vió expuesta en su forma de ser se ha convertido poco a poco en una forma de ver la vida.

Ha sido en cada enfermedad, en cada éxito, en cada fracaso, en cada momento de dolor, siempre ha existido un denominador común: ella. Y de no ser por ella y su inmenso amor quizás hoy no sería yo. No sería la persona que soy y de la que siento tanto orgullo de ser. Porque ha sido de ella que he aprendido las cosas más importantes que me definen hoy como ser humano; con sentimientos reales, sinceros y completos.

Por supuesto que han habido errores. De no ser así jamás hubiera crecido tanto. Incluso hoy, luego de tantos años de convivir juntos siento que ella sigue aprendiendo cada día más; sigue siendo fuerte ante la adversidad. Fortaleza que la vida se ha encargado de darle, misma que la sacó hace un par de años de un coma inducido, cuando todos los doctores nos decían que las posibilidades de que ella viviera eran mínimas. Fortaleza que la logró sacar de un hueco gigante de más de 8 años en depresión. Fortaleza que aún siendo abandonada por todos logró mantener su cordura y su ilusión.

Es la esperanza de la victoria del bien. Porque en un mundo donde la injusticia parece reinar se necesitan situaciones, hechos que se encarguen de demostrar lo contrario. Ella poco a poco se ha convertido en esa demostración. Aún hoy cuando las cosas parecen no ir de la mejor forma, y cuando el futuro se oculta entre la máscara de la incertidumbre; aún hoy ella sonríe y me da aliento, aún hoy ella entra cada noche a mi cuarto a decirme buenas noches; aún hoy cada vez que me enfermo ella me cobija y me da un beso de buenas noches; aún hoy ella me da el amor que nadie jamás me va a dar; aún hoy ella es mi principal razón para vivir y salir adelante.

Y aunque la vida sea cruel, y en algún momento la vaya a alejar de mí, puedo sentir la felicidad y la paz de haberla tenido conmigo por tantísimos años, y que a pesar de las doscientas mil peleas que tuvimos y las veinte mil discusiones; a pesar de eso siempre tuvimos el caracter de aceptar nuestros errores, pedir disculpas y darnos un abrazo envuelto en lágrimas que nos hacía cada vez unirnos mucho más.

Muchas gracias por darme la vida y por ayudarme a ser la persona que soy.

Para mi mamá Lucy Sotela Sanabria,
con todo el amor del mundo.

viernes, 28 de mayo de 2010

Se me perdió en algun lugar..


Luego de tanto correr por camino sin forma, luego de tanto ceder para dejar de sentir, luego de tanto respirar hasta casi caer, es cuando toco mi bolsillo y siento que ya no está. Sé que lo dejé caer, pero no sé si quiero volver por él. Porque volver sería retroceder y volver a saborear la amargura del aire que respiré.

Entre piedras, entre ríos, entre caminos, entre senderos, entre ramas, entre plantas, entre animales caminé. Y tengo que estar seguro que en algún brinco lo dejé caer; lo perdí. Pero nunca lo noté y nunca fue esencial para mí; solo lo perdí. Y cuando lo pienso me pregunto ¿Qué hubiese pasado si lo hubiera notado en el momentó que cayó?

Tal vez hubiera entrado en pánico, y me hubiera quedado dentro de aquél laberinto natural buscandolo, perdiendo segundos necesarios; quizás perdiendome a mí mismo. Seguramente me hubiese atrapado la noche en su capa de oscuridad; y perdido, adolorido y golpeado en una noche de desesperación e incertidumbre tal vez hubiese significado la muerte.

Pero ahora que salí, y siento que no está; busco y trato de leer los labios de mis sentimientos que me gritan pero no los escucho. Pero no dicen nada; por más que intento descifrar qué me dicen no lo logro, solo sé que lo perdí, y que tal vez nunca más lo voy a encontrar. Tal vez hubiese sido mejor cargarlo en la faja de mi pantalón, incluso guindarlo en mi cuello, con una cadena. Pero nunca pensé que lo iba a dejar caer.

Pero tambien lo pienso y digo: ¿Y si alguien me seguía? Dejé un rastro importante en el camino y me pueden encontrar. Lo que tambien podría significar la muerte, ¿o la vida? Dejé boronas de pan que pueden revelar mi rumbo, rumbo incierto incluso para mí. Por eso exactamente no quiero volver, porque si vuelvo sufriría para salir; y ese golpe ya me lo llevé.

Pero si alguien lo encuentra tal vez algún día vuelva a mi. Era de un tamaño importante, por lo que creo que puede ser visible por cualquier aventurero que camine por los mismos caminos en los que yo me dejé llevar; en los mismos donde lo dejé caer. Incluso en la noche podría brillar, y entonces ser más notable ante la vista de alguna persona.

Quizás así tenía que pasar. Tenía que despegarme de un pasado, o de un potencial futuro. Pero ¿cómo se me cayó y por qué no lo sentí? Porque tenía su peso, y tuve que notar que ya no iba en mi bolsillo, así como lo noto en este moment, donde me siento más liviano y con más facilidad para caminar, lo que fue basico para apresurar mis pasos y salir de ahí más rapido.

Entonces tal vez sí lo noté y sí me di cuenta que lo deje caer, o ¿será que yo mismo lo saqué de mi bolsillo y lo tiré al suelo? Pero en caso de ser así, ¿por qué no lo recuerdo? Tal vez mi mente juega a la memoria selectiva, porque le conviene, porque se protege. Y es un juego que incluso me gusta y puedo aceptar la teoría como válida, pero no tengo certeza total.

Aunque qué importa tener certeza o no. Al final lo importante es que me alivianó el camino, y que aunque es algo que perdí y dejé atras entre tanta entropía, fue ese el hecho que me permitió salir de tan confuso camino. Y por eso hoy estoy afuera, lejos de caminos engañosos, con trampas en cada paso. Gracias a que se salió de mi bolsillo y se perdió, es que hoy me permito ser yo.

jueves, 27 de mayo de 2010

Una verdadera mujer..



Una verdadera mujer para mí en principio se sabe respetar a ella misma. Se quiere y se da su lugar sin permitir que un hombre en su prepotencia machista pase por encima de su orgullo o su dignidad. Una verdadera mujer busca su lugar en la vida y lucha por lo que tanto le pertenece y le es merecido.

Una verdadera mujer es la que mima el amor como el regalo precioso que Dios nos dio. Sabe ser fiel a sus sentimientos y no lastima ni hiere al que la cuida y le da amor y respeto. Una verdadera mujer ama con pasión y con sinceridad; y nunca le pasa por su mente lastimar a su pareja, porque respeta, pero ante todo porque se respeta.

Una verdadera mujer no se queda hundida en la mediocridad que la vida les ha cobrado en un mundo de injusticias y desigualdades; y lucha por sí misma, por salir adelante sin necesitar de nadie; lucha por tener poder y voz en la socidedad; lucha por tener sueños tan altos y tan alcanzables para cualquier persona. Una verdadera mujer no se resigna ante las dificultades de este mundo, sino que sale adelante aún desde lo más bajo. Una verdadera mujer tiene metas, metas altas y complejas. Y lucha hasta el final por alcanzarlas.

Una verdadera mujer es la que tiene la fuerza necesaria para criar a un hijo, hacerlo crecer en medio de amor y de cariño. Una verdadera mujer es una madre que cuida a sus hijos y los defiende del mundo; pero tambien es la que sabe cuando dejarlos libres y permitirles crecer solos; porque la verdadera mujer es segura de sí misma y cuando sabe que hizo su trabajo confía en el fruto de éste.

Una verdadera mujer no cree que por su belleza tiene facultad para jugar con los hombres; porque se respeta a ella misma. No usa su físico como su principal arma; una verdadera mujer tiene su encanto en las palabras, en la mirada, en la sonrisa, en sus ideas, en sus metas, en sus exitos; incluso en sus fracasos cuando ha logrado salir adelante a pesar de los obstáculos.

Una verdadera mujer cuida hasta el último día a sus padres, es atenta, cariñosa y servicial. Les dedica horas de su vida; así como ellos le dedicaron de la suya para criarla. Una verdadera mujer es el reflejo de su madre que impregnó en ella los valores necesarios para ser una verdadera madre, una verdadera mujer.

Una verdadera mujer NO es aquella que cree que su belleza es su mayor virtud; una verdadera mujer NO es la que que rinde ante las dificultades del mundo; una verdadera mujer NO es la que olvida la importancia de criar a sus hijos; una verdadera mujer NO es la que es indiferente ante sus padres; una verdadera mujer NO irrespeta el amor; una verdadera mujer es aquella que sueña alto y lucha hasta el final; y una verdadera mujer es la que tiene la valentía de aceptar un error, cambiar su forma de pensar y aprender de él para su vida.