martes, 23 de noviembre de 2010

A pesar de todo.


Como no sentir el calor de tus manos.
Cuando cansadas arrebatan suspiros.

El destino se ha comportado esquivo.
Golpeador y sin sentido.

Que más quisiera esta noche.
Recolectar luciérnagas para iluminarte.

Y que en medio de tanta oscuridad.
Logres encender esa llama de espiritualidad.

Sobrellevar entre tus miedos.
El peso de una palabra que nunca se dijo.

Aquella frase que silenciaste en la mesa de noche.
La que te permite seguir aunque el pasado te destroce.

Porque sentiste que era lo mejor.
Alejar por siempre de tu vida el dolor.

No pensaste en lo que podía llegar a pasar.
Nunca te lo llegaste a imaginar.

Y escuchaste las historias que contaban.
Allá en tu tierra donde los árboles cantaban.

Escuchaste los gritos de la vida encarcelada.
Corriste, como siempre enamorada.

De una persona que apuró tu tristeza.
Acompañó al llanto con toda certeza.

A pesar de todo.
Te sientes solo.

Desamparado en medio de la compañía.
Pues llegaste a pensar que alguien te entendía.

No basta pretender para realmente estar.
Se necesita el coraje de aprender a afrontar.

Las heridas que vamos cometiendo.
Son las lecciones que vamos aprendiendo.

Pero si no tomas los apuntes necesarios.
Puedes pecar de olvidar el abecedario.

Y entre las palabras del perdón.
Se esconderá una razón.

Un motivo incierto.
Que te mantiene despierto.

Una voz que susurra.
Que evade la bulla.

Solo tú decides escucharla.
Para algún día, a tu vida aplicarla.

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