martes, 16 de noviembre de 2010

Te compro la estela de un cometa.


Maquillando cada día mis sueños.
Para evitar que pierdan su forma.

Recuerdo aquellas tardes de invierno.
Donde la lluvia refrescaba mi cuerpo.

Jugar era vivir.
Y ahora la vida se empeña en matarme.

Con cada movimiento sin pensar.
Muere un impulso que nunca existió.

Me entretengo tantas noches.
Cuando le pongo nombres a las estrellas.

Me hago dueño del universo.
Y te compro la estela de un cometa.

Para que guardes en tu mesa de noche.
La luz brillante del manto estelar.

Y te cobijes siempre con mi memoria.
Que te dé calor por las noches tan frías.

Ni el tiempo ni la distancia.
Serán mayor obstáculo para el amor.

Ni el universo entero, ni los polos opuestos.
Podrán con este sentimiento que tengo.

Podrá morir tu cuerpo, pero vivirás en mis recuerdos.
Y te seguiré llevando el desayuno a la cama.

Te seguiré acariciando por las noches antes de dormir.
Te cobijaré cuando tiembles el frío.

Saldremos a caminar todos los días al amanecer.
Para recibir al sol de la mano.

En las tardes de los sábados alquilaremos películas.
Para verlas tirados en la cama todo el día.

Un helado que refresque nuestro amor.
Un abrazo que mantenga la llama y la emoción.

De un corazón que late sin parar.
Un amor que no tiene final.

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