martes, 25 de enero de 2011

Una que otra vez.


Como el chocolate, tan delicioso.
Ese sabor que se derrite en mi boca.

Sensaciones que vienen y van.
Corren y juegan a alcanzar.

Por allá, sobre la nube que pasa.
Se despide con la mano un inmenso ayer.

La lluvia que cae sobre la tierra.
La que limpia tus lágrimas saladas.

Un sol pintoresco que saluda.
Y con sus rayos de luz calienta.

Invitando a ser parte del agua.
El calor se refresca en tu almohada.

Una que otra vez.
He jugado a caminar al revés.

Busco toparme de frente.
La ilusión que tarareo en mi mente.

Para de una vez por todas.
Ponerle fin a todas las cosas.

Es un buen momento para empezar.
Y de cero comenzar.

Porque la vida es un juego de azar.
Donde nos comprometemos y juramos avanzar.

A veces crecer se convierte en el tedio.
Que muchas veces se acompaña por el miedo.

Pero obviando lo extraño.
Y olvidando a quien le hablo.

He entendido ciertas cosas.
Que convierten cuentos en historias.

Cartas que se escriben sin leer.
Estrofas que se cantan sin ritmo.

Luciérnagas que pierden el brillo.
El escándalo de alcanzar la nobleza.

Juramos y juramos.
Y a medio mundo matamos.

Decepcionamos y lastimamos.
Y a los que queremos, odiamos.

Pero al final, aún sin pensarlo.
Aprendemos a volar, a vivir.

Cerramos muchas veces los ojos.
Tapandole la vista a la mente.

Olvidamos que el tiempo es muy corto.
Y proyectamos el miedo en la gente.

No vale de nada sufrir.
Ni tiene sentido llorar.

Si al final de cuentas no quieres vivir.
Y dejas de lado la belleza de amar.

Apaga los sentidos.
Desconecta tus paradigmas.

Libérate de tus ataduras.
Y aprende a leerle los labios al destino.

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