jueves, 14 de octubre de 2010

Encerrada en mi propio cuerpo.


De repente todo es como oscuro, confuso.
Sé que no soy consciente pero distingo una sola voz.

Una voz que en el fondo de todo es la única que me deja seguir.
No soy capaz de pensar, de analizar, de razonar.

No tengo seguridad de seguir, no sé si es lo que quiero hacer.
Hay tantas cosas que pueden salir mal.

Ahora entiendo que estoy en una cama, y seguramente en un hospital.
Pero no entiendo por qué me siento encerrada en mi propio cuerpo.

Por más que intento no logro abrir mis ojos.
Todo es tan tenso y estresante, pero a la vez necesito que acabe.

No existen balanzas que puedan medir realmente el peso.
De querer vivir o sencillamente dejar todo así.

No existe un medicamento capaz de curar.
Y arreglar los tormentos que me encarcelan.

Pero a pesar de todo, cuando más lucho por dejar todo.
Es esa voz que susurra en mi oído la que me da la fuerza que necesito.

La fortaleza de un espíritu despierto.
Pero esposado a un cuerpo dormido.

Quisiera entender de una vez por todas.
Y poder hacer una lista donde se exponga.

Todas aquellas razones por las que vivir tenga sentido.
Poder distinguir si son más mis ganas de morir.

Si pudiera simplemente abrir mis ojos y gritar.
Expresar mis miedos y mi dolor.

Imprimir en hojas en el aire.
Tantos momentos que me arrebatan las fuerzas.

Tanta lucha en una vida injusta.
Tanta injusticia en esta lucha de la vida.

Si tan solo pudiera sentarme a conversar.
Escucharme una tarde mientras escucho el agua caer.

Y respiro la pureza que existe en un bosque.
Con la frescura de un bello manantial.

Si pudiera poner a dormir a mi dolor.
El verdadero, el que está en mi corazón.

Y al menos creer que puedo vivir.
Sentir que puedo volver a sonreír.

Desearía tanto poder despertar.
Y una última vez volverlos a abrazar.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

En verdad no me explíco o mas bien entiendo perfectamente, como un ser humano puede fusionarse de esta manera, que usted se fusiona con cada ser que esta a tú lado, y redescubrir el gran DON del que DIOS te envolvió, "el amor" amas tanto y tan intensamente y recorres cada pedazo de corazón, que sabes, intuyes,vives la vida de cada persona como propia, para comprender y entender tan perfectamente, lo que vive la gente, lo que sienten ,lo que necesitan y al final, das la pauta para pensar en el dolor humano que vivimos cada uno de nosotros, Gracias por estar siempre ahí, gracias por tenerme sempre de tú mano, susurrarme las palabras exactas que necesitaba escuchar y el amor en energía que me pasabas con tanto amor, gracias DIOS por el hijo que me diste, te amo Andrés,y espero ser yo la que algún día pueda devolverte aunque sea un poquito de todo lo que me diste, cuando mas lo necesites , no tengo palabras para expresar lo que siento en este momento, solo, que te amo hijo, Mamá