sábado, 30 de octubre de 2010

Recitar los versos que nunca he escrito.



Yo que no dejo de marchar.
Seguir los lineamientos al caminar.

Se muestra tan calmado.
Tan austero y enamorado.

Como queriendo comprar con su mirada.
Los besos que siempre dió a la nada.

Yo vivo de un niño en mi interior.
El que me llena de ánimo e ilusión.

Con el que juego en cada rincón de mis miedos.
Con el que converso algunas veces en los recreos.

Sin pretender ser un idealista marchito.
Solo quiero despertar un sueño dormido.

Navegar los siete mares.
Pescar tres mil calamares.

Jugar un día a las escondidas con la muerte.
Poner en riesgo cada instante a mi suerte.

Llenar cada espacio de mi cuerpo de adrenalina.
Ahogar todos mis sentidos en una piscina.

En cada noche cazar estrellas.
Que alumbren a las mujeres más bellas.

Convertir poesías en alegrías.
Cambiar la tristeza por la pureza.

Recitar los versos que nunca he escrito.
Para que los memorice el viento.

Que suenen como truenos al otro lado del mundo.
Y sentir que son mis palabras las que se repiten.

Cambiar el sentido de una vida que se apaga.
Encender una vez más el deseo que te atrapa.

Pero más importante que incluso sonreir.
Es jamás perderle el sentido a vivir.

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