domingo, 16 de octubre de 2011

Magia en el desierto.

La silueta perfecta, el descanso intenso de la mirada fija, austera; el sonido, la música que despierta recuerdos, formas poco claras de llegar al corazón, de abrazar de distintas formas la idea de que vivir es cuestión de luchar, sin poder leer entre líneas el secreto que marca los tiempos de la soberbia, la arrogancia. Una forma de tachar las palabras escritas, de borrar sentimientos vencidos; tal vez, un camino que encuentra su destino en cada página, en cada cuento que escribo.

Poco a poco he ido calcando sonrisas, imitando sentimientos; las emociones, las que nacen ahí adentro, se convidan conmigo para hablarte al oído, recordarte entre rimas que son los silencios los que le dan vida a la bulla, al escándalo de una carcajada; y que cada lágrima guarda en sus propiedades la receta mágica para disfrutar el placer de vivir, pues cada error en esta vida se convierte en una forma de aprender, corregir con tinta blanca las mentiras que quisiste creer, las mismas que te hicieron caer.

Y nadie se salva de la desconfianza, como devorando a cada instante las promesas del amor; como esquivando con risa sarcástica la consecuencia de cada acto, pretendiendo poder obviar que la vida se devuelve, que la vida pasa páginas pero nunca olvida, y cada movimiento que tenga en su estrategia la respuesta con dolor de una persona sin vela, queda marcado en el retrovisor de la ironía, para convertirse más temprano que tarde en la realidad del que lastima.

Con los días aprenderás, y vivir se convertirá en un proceso para mejorar, para cuidar; recapacitar cada pequeño detalle del mosaico, de la gran imagen; y salirnos del pensamiento cuadrado para al menos cosechar lecciones, embargar a la tristeza con un cuaderno de ilusiones. Al final, todo se trata de cumplir los sueños, de hacer magia en el desierto; de sonreír en el dolor y levantarse del barro; de cosechar sonrisas y regalar besos; de capturar en una fotografía la simpleza de los detalles, el deseo casi automático de ser felices en la tristeza.

Ahora, cuando menos lo piensas, entra la memoria en el desván de tu presente, esperando para ser usada, evitando ser olvidada. Pues cada herida del pasado se cura con la enseñanza que le damos; de esa forma, sufrir es simplemente un paso del proceso, un momento oportuno, pues del dolor nace la llave para reír, para poder de alguna forma, vivir. Y así, entender en cuestión de segundos, que ser una buena persona representa el sueño por el que luchamos, la alegría que se importa de los momentos incómodos, cuando el corazón se desgarra en memorias.

Cierra los ojos, sonríe. Permítete soñar con soltura, con grandeza. Demuestrate que la capacidad de ser feliz se combina con los reflejos del pasado, y que la forma más perfecta de sonreír, es poniéndole trampas a la tristeza. Un detalle, una simple forma de leer la vida, de cosechar sonrisas. La inmensa conquista de cumplir el sueño de tu corazón; por eso, de cada lágrima que dejes salir, de cada herida que te marque y cada silencio que olvides, aprende a tomar apuntes, de marcar los tiempos. Al final, todo se trata de cumplir los sueños...de hacer magia en el desierto.

domingo, 9 de octubre de 2011

Aroma de café.


Una tarde de Noviembre, un momento cualquiera. Las lágrimas en la mesa de noche hacían del silencio un vacío repentino. Llovía, y con el viento, la tristeza parecía colarse entre las sábanas. Yo, sostenía un vaso con agua, fría, como tu piel, como tu mirada. Con la nostalgia de quien pierde lo que quiere, de quien cae en el intento; sentir sobre sus hombros el peso de la desgracia, la injusticia.

Y te vi sufrir. Con cada suspiro le robabas vida al viento; una fortaleza vencida, un desgarro marcado, una herida imborrable y el reflejo de dolor en tu mejilla. Tus ojos mojados, tu tristeza palpable; y el ruido de tu corazón ensordecía el cuarto, como queriendo salir, como queriendo hablar; podía sentirte viva, tan despedazada y adolorida; tan cansada. Luego de tantos golpes, la vida se convertía en una cuesta empinada, un sacrificio sin sentido.

Yo, sosteniendo aquel vaso con agua, te miraba, fijamente, con impotencia de no poder limpiar tus lágrimas, de verte golpeada, de ver como borrabas tus sueños con palabras, con gestos; incluso pensamientos, ideas poco claras que se quedan en aquella tarde de Noviembre, cuando todo cambió, cuando un poco de ti murió. Y pude escuchar, pude oler; como descubriendo secretos en el ayer.

Un aroma de café, el descanso de la eternidad, un simple olvido del destino y poner a jugar a la suerte. Un sonrisa que se recuerda, palabras formando oraciones: arquitecto de ilusiones. Como la flor que pinta un cuadro, como el sol que enciende las mañanas; como el viento buscando bailar con las hojas secas. Aroma de café, tierno y constante; efímero e incongruente; dulce y tan amargo. Aroma de café, de aquellas tardes de compartir, de reír; de aprender a vivir.

Una taza, caliente, y aroma de café. Un abrazo al frío de tus manos, a la sequedad de tu cuerpo. Un olor de memorias, de recuerdos. Un colador de ilusiones que sea capaz de cambiar tus emociones. Un simple aroma, y yo, sosteniendo aquél vaso con agua, buscaba un atajo a tu sonrisa, una manera de que sintieras brisa en el encierro de tu mente, en la agonía del presente. Por eso tuve la idea de que recordaras, de que sonrieras.

Y con un recuerdo, limpiar tus lágrimas, borrar tu tristeza. Con el café, ese aroma que te enamora, que te hace soñar. Como aquella tarde cuando aprendiste a caminar, y seguías mis manos en el aire, como pretendiendo alcanzar tus metas; como cuando empezaste a hablar, como cuando te caíste y te volviste a levantar. Como tantas mañanas cuando conversamos en la terraza, y tus ojos, delicados y preciosos, me recordaban cada una de mis razones de vivir.

La misma taza de café que tomamos tantas veces y en tantos momentos. Desde niña hasta mujer; y en cada momento compartimos sonrisas y palabras; memorias que se anclan al recuerdo, a tu memoria, y ahora que sufres, ahora que lloras, ahora que el mundo se te complica, busco atrapar una sonrisa en tus labios, la alegría que mereces y por la que has luchado. Una taza de café que caliente tu corazón; y el aroma...el mismo que te llena de ilusión, que te motiva a soñar, a luchar; y seguir a pesar de fallar.

domingo, 2 de octubre de 2011

Una forma de cambiar tu vida.


Ahora desangro tu dolor. Y descalzo camino hacia tus sueños para desnudar tus heridas, sanar tus dolores. Un simple impulso que motive, un cambio de dirección. Una nueva forma de ver la vida y la convicción de luchar hasta el final. Poner tu corazón a latir, a llorar, sudando al lado de una estrella fugaz; efímera y completa, intentando secar la tristeza. Ahora calmo tu respiración con estas palabras, y pongo trampas de amor en cada punto. Puedes aprender a jugar, y sonreír con el dulce placer de llorar.

No puedo remendar los recuerdos que te lastiman. Pero hacerte ver el mundo desde otra perspectiva sería mi manera de quererte. Al final, los momentos son solo momentos. Una sonrisa pone a brillar un corazón sensible, abierto, y la ternura de tu voz le marca el ritmo a mi respiración. Por eso, cada herida se convierte en tu premio, en el reconocimiento de la vida por superar tus miedos; así, regalar sueños se convierte en la constante de una ecuación con dos variables: tu y yo.

Idealista. Y con un puñado de sentimientos limpio la tristeza de tus ojos. Con la simple idea clara y sencilla de anticipar los movimientos, las ideas, los pensamientos. Atacar cada instante la tristeza con la actitud positiva que escondes por miedo. Son los detalles más absurdos los que logran desamarrar tu alegría, el brillo de tus ojos; y con las lágrimas limpiando tus mejillas, te regalo un beso que te haga cosquillas, que te arrebate sonrisas.

Soñador. Y con un susurro en la noche pondré mi suerte en tus manos. Te regalaré mi pasado y mi presente, dispuesto a compartir contigo mi futuro. Caminar de la mano, que seas parte de mis triunfos, y en cada fracaso, dejar escurrir el dolor en cada uno de tus besos. Y me permito soñar, idealizar. Cosas que hemos dejado ir, hemos empezado a olvidar.

Y ahora recito mis pensamientos, y voy dibujando una sonrisa en tus labios. Un beso que se roba, que no se piensa ni se cobra. Y tus labios, tan delicados, juegan a ser uno con los míos. Una manera casi perfecta de poner hablar dos corazones extraños. Como una canción para dormir, porque es en sueños donde me recuesto en tu mirada, y tus ojos, una puerta más a amarte con soltura, con la naturalidad de sentirte mía desde siempre, de tu sueño, de nuestro sueño.

Con estas palabras trazo líneas rectas que buscan un camino a tu vida. Una forma de toparme con mi felicidad, con tu alegría; de confundir tus besos con mis sonrisas. De saborear por las noches, tus caricias, y cada mañana, al despertar, escuchar tus latidos mientras duermes. Poder soñar despierto, poder pensar en ilusiones; poder planear mientras duermo las mil formas de que te enamores.

Es respirando tu olor que te siento cerca. Es tomando tus manos que mi vida se topa con suerte. Por eso, de intercambio, pretendo regalarte una forma de cambiar tu vida, de olvidar fronteras. Una manera de coser heridas, de llenar el vacío; de olvidar el pasado y tenerte conmigo. Como un capricho, me dedico a darle forma escrita a mis ideas, con la obsesión de hacerte feliz como sea. Sin pensarlo, solo actuando; y en silencio, los secretos del verso se pierden en el final de este cuento.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Y algún día, tal vez.


Claro que tengo que ser delicado, quiero pintarte sonrisas en los labios con amaneceres; escribir el guión de un sueño en tus noches, y en cada página, sin que lo notes, esconder un beso, una caricia; o simplemente convertir palabras en ilusiones. Por eso entre párrafos voy armando el rompecabezas de tu mirada e intento darle respiro a mi agitación. Si tus ojos son la puerta del destino, quiero robarte besos y limpiar tus lágrimas, y algún día, tal vez, sentir tus latidos junto a los míos.

Tengo que ser fuerte, paciente. Porque conquistar tus pensamientos es el deseo de mi suerte, y lucho cada noche contra los miedos que silencian mis canciones, contra la bulla que no me deja entender de razones. Puede que no sepa adornar tu vida, que mis palabras se queden cortas. Puede que aún escondiendo que estas palabras van para ti, sepas que cada gota que sudo, cada pequeño detalle de mi vida, se llena con la ilusión que, tal vez sin sentido, me regalan tus palabras.

Te conviertes en el futuro, en la incógnita de mi vida. En la posibilidad, la simple posibilidad de convertir un sueño en mi realidad. Una oportunidad, un deseo. Y nada más que eso. Pero poco a poco dejo a mi imaginación correr, y definiéndote mi falta de cordura, trato de conquistarte a la distancia, trato de que pienses lo que pienso. Sí, como escribiendo el guión de un sueño en tus noches.

Duermo, deliro mientras camino. La vida ahora gira, cambia, se esconde. Y los restos del pasado van clavando espinas en los pies. Una simple aceptación, la realidad de que las cosas vuelven a cambiar. Pero con la luz de tus palabras, de tu voz, de tu mirada. Y con esa ilusión que enreda mis sentidos logro calmar las ansias de caer, de llorar. Una vez más, solo una más. Pero suenan los latidos del corazón, y con tus manos, la tranquilidad del cuidado, el silencio y tu mirada; toda mezcla perfecta de olvido y esperanza.

Enamorado de la oportunidad, la que tiene tu olor, la que dejas escapar mientras respiras. Por eso, cada pensamiento que te regalo se convierte en mi camisa de fuerza, en mi almohada; el descanso que necesito y la caricia que me preparas. Puede que se derrumbe el mundo entero, pero la intención de luchar por tus besos me motiva a construir todo de nuevo, a creer en el viento, el que respiras y te da vida; en imaginarte mía por un segundo, un momento de eternidad, el regalo del tiempo con la ironía de la realidad.

Pero en estás páginas puedo escribir lo que sea. Puedo escribir el guión de tus sueños. Puedo esconderte besos y caricias. Puedo pintarte amaneceres que se confundan en sonrisas, convertir estrofas en ilusiones. Incluso, puedo intentar robarte un beso o limpiarte una lágrima. Pero las palabras se llenan con el sentimiento, con las acciones. Por eso, permito que el tiempo juzgue lo que escribo, lo que te digo. Y algún día, tal vez, sentir tus latidos junto a los míos.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Y yo termino de contarte esta historia.


Yo cuidaba de tus sueños. Intentaba protegerte de tus miedos. Y en la calma que traía la luna, yo dibujaba corazones en tus manos. Calentaba tu frío con mis labios. El dolor de tus heridas lo abrazaba con el reflejo de las estrellas. Por eso mi inspiración siempre calza con tu sonrisa. Y cada palabra que escribo tiene el olor de tus besos, tu recuerdo.

Era mi manera de cobijarte por las noches, la caricia delicada que necesitabas para dormir. Un beso, la ilusión de un instante eterno, un segundo rescatado, el silencio que se ignora. Y en cada puesta de sol te contaba historias, las que están calcadas en mi mente, las que muchas veces pinté con tus ojos, con la intención de conquistarte con ternura, con paciencia; entonces amarrar un lazo en tu memoria, con mi nombre escrito, para desnudar en sonrisas tu alegría, y poco a poco convertirte en felicidad.

Sin despertar, solo soñar. Solo consentir tus oídos con mis palabras, y poder poco a poco ablandarte el corazón. No será el sonido, ni la bulla de mis intenciones, a veces la simpleza de cada detalle se convierte en perfección, y contra luz, la silueta de este amor tuvo forma de sonrisa, de carcajada. Ahora, me he dedicado a disfrutar de tu alegría, de tus labios. Acurrucarme en tus regazos, compartirte mi vida. Quiero que tus ojos se conviertan en mi ventana, para ver paisajes preciosos cada día por la mañana.

Como un colador de sueños. Cierro los ojos y me enamoro cuando te veo. Siempre en lucha, la mente, la bruta. Por eso tuve oídos sordos, por eso siempre escuché el corazón. Duele. Duele pero no hay mejor dolor que dejar morir un poco de mi corazón, por un beso, por sentir tus manos; y cada lágrima en tu recuerdo la guardo en una gaveta, para recordar tus errores, y aprender de los míos.

Y algún día llegarás. Y te contaré las historias que habían en mi mente. Cuando cerraba los ojos y me enamoraba al verte. Cuando lloré por creer que te había encontrado. Y tantas cartas que te escribí, que ahora el tiempo las guarda en reposo. Y dibujaré corazones en tus manos, mientras duermes, con la luz de la luna. Y con cada estrella que brille le daré calor al frío de tus heridas. Y tus ojos serán mi ventana y tu sonrisa mi inspiración. Y te amarraré un lazo, un lazo con mi nombre; para que nunca olvides, para que nunca dudes.

Ahora el sol termina de ponerse y yo termino de contarte esta historia calcada en mi mente. Con la misma intención de hace tantos años; de conquistarte, con ternura y paciencia. Y una vez más, mi inspiración calza con tu sonrisa.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Mi viejo.


Una idea que surge, resuena. Un momento casi perdido, pero ganado. Aprovechándome del calendario, el que marca tu fecha. Un despilfarro de frases, de oraciones entrecortadas. Buscando un significado. O mejor, un sentimiento. Entonces marco líneas, repinto el norte, los escondites. Y escarbo el rincón de mi memoria, buscando algo. Una forma de remendar, de aliviar. Mejor dicho, de expresar. Para robarte una pequeña sonrisa, una simple alegría. Un pequeño rayo de luz. Una pequeña manera de demostrarte cuánto te quiero.

Y tal vez me pueda perder en la musicalidad de lo que escribo. Como esa característica, como la huella que marca cada cosa que escribo. Como un pincel, que pinta la obra; como estas palabras que dedico, que se inspiran en recuerdos y toman aire de memorias. Cosas que quedan, cosas que se olvidan; silencios que enseñan, palabras que suenan en la mente.

Desde pequeño, el cariño ha sido la constante; esa humor que cobijas con sonrisas y enseñanzas. La forma más delicada de cosechar sabiduría, la que con el paso de los años he ido absorbiendo, como estudiante de la vida, tomando cada lección como una forma más de seguir adelante. Pues no existe mejor profesor de mi camino que el que me ha enseñado con el ejemplo.

Una forma exquisita de dar la clase, de guiar los pasos. Manteniendo la cordura, perdiendo los estribos; pero siempre, en algún momento, ese arrebato de paciencia, de tener todo controlado. El balance. Las emociones, solo las pertinentes; y la calma, esa característica casi esencial que te ha mantenido el corazón latiendo en medio de tantos problemas.

Muchas lágrimas compartidas. Cuando estuvimos cerca de perder a la persona que más queríamos. Conversaciones que no han necesitado horas para representar algo en mi vida. Errores, discusiones; simples tareas que sudan conocimiento. Y del humor, ese fino compañero. La manera elegante y precisa de arrebatar sonrisas. Como regalando pequeños adelantos de alegría.

Ante todo la perseverancia. Puedo decir que he aprendido a no quedarme en el suelo, a luchar, a ver cada día con positivismo a pesar de estar en el fondo. Luchar, por una familia, por vivir, por simplemente respirar. Porque morimos en el momento donde dejamos de soñar; morimos cuando la ilusión se esconde, cuando se borra.

Esa forma de recitar. De expresar en la voz sentimientos que dormían en palabras, en párrafos sin leer. Simplemente no quiero dejar que nada se quede atrás, y traer conmigo el recuerdo de la persona que ha dejado su vida por mí; la persona que me ha puesto primero, la que me permite crecer, aprender, vivir y soñar. Solo quiero, con estas palabras, dedicar lo mejor de mí, a la persona que me ama sin presiones, sin exigencias; a quien le ha tocado sufrirme y disfrutarme desde que nací.

Y si tan solo pudiera dejar anclado este recuerdo tan perfecto, y tatuarlo con palabras en el tiempo; desearía poder alcanzar una sonrisa que te haga sentir bien. Pues a pesar de todo, de los problemas y los errores, la vida no pudo haberme regalado un papá mejor; y un día como hoy le doy gracias infinitas al destino por permitirme vivir cerca de una persona con el corazón tan grande, y compartir mi sangre y principios con él.

Por eso, estas palabras tienen un destino bien claro: tu corazón. Y quizás, sirva como un alivio en el dolor, el cansancio. Ese que te ha hecho tambalear. Pero te has mantenido fuerte, luchador. Como siempre te he visto. Y ahora, sencillamente te dedico lo que mejor puedo hacer, y lo envuelvo con la fachada de un regalo en este día tan importante. Simplemente, gracias por existir.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Ahora te dejo.

Ahora adorno mi presente con el recuerdo de tu mirada, pues es lo único que queda de ti. Aquella sonrisa inocente que me hacía soñar; tus manos unidas a las mías. Por eso decidí alejarme. Dejarte crecer. Luchando contra el dolor de dejarte ir, de olvidarme de tus besos. Por eso vendo recuerdos a quién quiera reír, porque la memoria es ahora la ironía de mi presente. Pero entiendo, y con el corazón en la mano, corto el pedazo que te pertenece a ti, para sanar la tristeza y curar las lágrimas que arden en mis ojos; y de una u otra forma perderte entre párrafos, olvidarte en palabras.

Siempre, detrás de tu sonrisa inocente, guardabas un secreto que mataba, una mentira evidente. Por eso, la dulzura de tus labios se convertía en el veneno de este amor de locos, un amor vencido desde el momento que, con los hechos, mataste la confianza. Un amor sin piernas que caminó por la insistencia, la necedad de un corazón distraído, un sentimiento golpeado; la absurda ilusión de creer que detrás de tus palabras guardabas una emoción, sin llegar nunca a entender que la fachada es muy distinta a lo que hay por dentro.

Y compré mentiras en rebajas, sin sospechar que el dolor se escondía en tu mirada. Pero es que era imposible imaginarte fría, calculadora. Era imposible creer que podías golpearme con ternura, con delicadeza. Porque en esta vida las heridas que más duelen son las hechas con amor. Un amor falso, que pretende pero nunca alcanza; un amor que se aprovecha de un sentimiento que empaña los ojos de la mente; como la locura que sentía cuando decías que me amabas; cuando sentías que te enamorabas.

Ahora te dejo, y lo hago para siempre. Para verte crecer, para que aprendas a vivir; a sufrir. Porque de eso se trata, de escribir memorias, coser recuerdos; aprender que los errores son tan necesarios como las sonrisas. Te dejo, y te veo crecer. Aprender. Y en poco tiempo serás una gran mujer, con la capacidad humana de querer, de amar. De serle fiel a los principios mas no a una persona; pues las personas fallan, los principios no.

Te veo crecer. Te veo aprender. Y hasta cierto punto fui tu cuaderno para escribir, tu prueba y error. Ese saco que se golpea, que se lastima; la lágrima que se desperdicia. La intensidad de lo insensato, una forma de interiorizar tu llanto; una puerta para tus mentiras, el objetivo de tu maldad. Pero todo vale la pena, pues ahora creces, ahora aprendes.

Ahora me toca a mi. Me toca crecer, me toca aprender. Fuiste mi cuaderno donde escribir, fuiste las palabras que dediqué. Esa inspiración que desaparece por momentos, esa luz que parpadea en mis recuerdos. Sobre todo fuiste la persona a la que amé, a la que cuidé. Con la que me equivoqué y aprendí. Fuiste, y exactamente eso es lo importante ahora; pues pretendo encarcelarte en el pasado y asfixiar tus mentiras con la esperanza de encontrarte con otro rostro, otra sonrisa y otros ojos que me ilusionen, que me motiven, pero ante todo que no lastimen.

Quiero un descanso. Quiero compartir con el sonido el silencio de mi circunstancia. Yo soy mi locura y mis ideas. Pero libre de sentir, de sufrir. Como un pintor de palabras en medio de un mar de desconsuelo. Pretendo dejar a un lado lo que pasa, y dedicarme a buscarte por el mundo, imaginar que existes.

Una vez más, en medio de tanta irracionalidad, entiendo que lo que acabó, no volverá. Es tan difícil disfrutar el presente con los recuerdos del pasado. Es tan difícil dejar el presente, con las esperanzas del futuro. Porque no crece el que no lucha, no aprende el que no se escucha.

Una manera poco real de decirle a la vida que estoy cansado de andar. Pero antes de dejar a un lado mis motivos, antes de cerrar la puerta a mis ideas. Antes de abandonar por siempre mi camino, antes de hacer silencio en tus oídos. Incluso antes de escribir estas palabras, prefiero buscarle un sentido a la ignorancia.

Cosechar las palabras viejas, y convertir rimas en realidades. Sentir que cada párrafo es un poco de mí, entregado para que el tiempo no me permita partir. De esa forma puedo pretender que la distancia será el recorrido que tengo que dar para encontrarme a mí. Y que, a pesar de todo, en cada rincón de mi cuerpo hay un poco de ti.

domingo, 28 de agosto de 2011

De recuerdos e ilusiones.


Es una manera de cerrar los ojos, una forma de soñar despierto. Es una idea que nace aquí adentro, una idea que se mezcla en lo incierto. Lo piensas como un sendero del destino, como el secreto que esconde el camino. Muchas veces sientes que te pierdes, que te borras. Sientes que el sonido del viento es un estorbo, duermes y olvidas por instantes el sabor de una sonrisa en tus labios.

Un simple gesto, la mirada que motiva, que calienta. Es un susurro de la felicidad, como la pertinencia de saber leer en tus lagrimas los trucos para limpiar tus miedos. Pues cuando el dolor agita tu corazón, y tus latidos pierden el ritmo, un deseo puro por sonreír se pierde en el arrebato de un sentimiento sin alma. Por eso, cierro cicatrices con los pensamientos que me motivan. Por eso aprendo de los errores para entenderme como humano. Y cuando la tristeza llena sus pulmones con tu respiración, hay tres motivos inacabables que te persiguen para hacerte feliz.

Una ilusión que llueve fuerza, que regala energía. Una ilusión que trafica felicidad cuando menos lo esperas. Es como mirar en el reojo el detalle de la vida. Como suspirar sin entender el por qué. Es un motivo que se convierte en hilo, que cose heridas, que sana recuerdos. Es una excusa para dejar atrás tus miedos, para vivir sin complejos. Y en ese instante, cuando más hundido te sientes, aferrarte a la dulzura que trae la ilusión de un futuro que se parezca más a tus sueños. Una simple idea, un simple cobijo emocional. Es el destino coqueteando con el presente, es tu tristeza muriendo en una carcajada.

Un amor que lastimó, que te enamoró. El mismo que te hizo soñar, que te hizo llorar. Con el que aprendiste a querer, a amar. Las lecciones de tu corazón, esa forma casi mágica de pedir perdón. De equivocarse, de tener miedo de perder, de fallar. Un amor puro, que se obvia, se olvida. Un sentimiento que se creía muerto, una emoción que te incita a seguir, a luchar. La delicadeza de un beso en tus labios; la caricia incansable de tus ojos. Una carta de amor que resucita corazones vencidos, donde desangras para siempre a la soledad. Aquella tarde en mis regazos, aquellas risas y peleas. El dolor de dejarte ir, de separarme de ti. El desconsuelo de un corazón roto. Pero el más grande de todos los sentimientos.

Los recuerdos, los que te enseñan. La escuela de tu mirada, el arrebato de tu sonrisa. Es el dolor que se convierte en armonía, es la tristeza adornando tus logros. Es la herida que sangra y sonríes, es el duelo de todo lo que pierdes. Como hacer de tripas, corazón. La coartada perfecta entre la alegría y la depresión. El repaso de los cuadernos de la vida, es el examen final para el orgullo que sientes. Los recuerdos grabados en tu mente, que te han enseñado a disfrutar y ser consciente. A dejar de creer que el mundo termina en tus pies. A crecer, a luchar, a sonreír a pesar del dolor.

Y de una forma u otra, nos aferramos a lo que no es, a lo que será. A lo que creemos que puede ser. Como soñar despiertos. Como enamorados de la vida. Pero realistas, precavidos. Buscando de cada dolor, una salida. Una forma delicada de salir adelante, de no quedarnos en el suelo. Estrategas del camino. Analistas del destino. Aceptando canjes de felicidad, robando sonrisas, dedicando palabras, escuchando canciones, compartiendo sueños. Es lo que es. El deseo impotente de ganarle al dolor. Es esa sonrisa que dejas escapar cuando te sientes mal. Es esa intención que te motiva a intentarlo una vez más. Es sencillamente aprender a volar.

domingo, 21 de agosto de 2011

A la distancia.


Ahora la distancia se hace física, y construyo puentes con palabras que me permitan llegar a ti, a tú corazón. Quisiera mover el mapa de su sitio y correrme al Norte unos centímetros. Quiero alcanzar la realidad de este sueño que nace, de este sueño que ilusiona. Lo sabes. Lo sé. Porque estas cosas se sienten, se viven, se luchan.

Sí, la distancia se hace física, pero le pongo fuerza a mis intenciones, porque a partir de hoy mi lucha tiene un nuevo rumbo. A pesar de los kilómetros, quiero acariciarte por las noches con la inspiración que me dan tus ojos. No te puedo ver, no te puedo oler; mas el deseo inexplicable de besarte me motiva a de alguna forma alcanzarte. Duerme, y sueña que estamos juntos, como solo en sueños podemos estarlo.

Porque a pesar de que el tiempo vuela, y el destino se entretiene con nuestra historia, sabemos que las probabilidades juegan en nuestra contra. Pero es tan terco el amor, que el corazón se convierte en el lienzo con el que pinto sonrisas en tu rostro. Tan necio este pensamiento de, sin conocerte, sentir que te llevo dentro. Y ahora, mis pensamientos tienen un rostro en fotografía, una imagen paralizada. Solo una voz, una simple voz capaz de motivarme a seguir, a soñar, a pensar y creer.

Quisiera que la lógica hiciera silencio, y las oportunidades abrieran un sendero hacia tus labios. Por ti caminaría kilómetros enteros, por el simple deseo de enamorarte con mis besos. Te escribiría en la piel mil cartas de amor, las que convertiría en realidad cada mañana a tu lado. Pintaría besos en tu frente, dibujaría corazones en tu mente. Quisiera que la lógica hiciera silencio, sin embargo se me complica la noche. Se me complica por no tenerte, por no besarte.

Quiero conocerte, enamorarte. Quiero que de mi vida seas parte. Por eso, y no por otra cosa, te he tatuado en mis pensamientos, en mis descansos. Hipotequé mi sonrisa a la tuya, y mi felicidad esta esposada a tu alegría. Tan poco te conozco y siento que eres mía. Tan poco te conozco y ya te quiero en mi vida. Por eso cierra tus ojos y abre el corazón, tengo un beso que regalarte, tengo una caricia que entregarte.

Cierra tus ojos. Abre el corazón. Que vengo a entregarte mi amor. Mira hacia adelante, no mires hacia atrás. Vengo a compartir mi felicidad. Y si el tiempo ha sido duro y las circunstancias te han lastimado, vengo a cobijar tus heridas, vengo a cambiar tus llantos por sonrisas. Y el dolor, el que te ha robado el tiempo, lo vengo a transformar en fuerza, en intención; una razón más para vivir, para soñar. Sí, soñar. Solo déjame entrar ya. Solo dame la oportunidad.

domingo, 14 de agosto de 2011

Perder con sabor a ganar.


Empezaba a olvidar tus últimas palabras. Justo antes de dormir, repasé mis circunstancias. Creí que sin tenerte en mi vida me iba a ser imposible escribir de nuevo. En eso, mis pensamientos motivaron ideas que ahora dejo tejidas en este papel. Una forma, una simple manera de recordarte que vivir para mi no es soñar despierto, sino perseguir mientras duermo las realidades que prefiero.

Es como quien encuentra inconscientemente su alma, y busca entre sus ideas reconocer sus errores. Una tarde cualquiera, una tarde de café, comprendí que el silencio es el regalo de un instante intenso, para pensar, para unir puntos, entender. Y de repente, cuando crees que caes, despiertas, y te sientes tan motivado como antes, como cuando los chispazos de felicidad eran menos tenues, más seguros, y donde comprender un secreto se convertía en la debilidad de un verso.

Cierto, no estás más aquí. Pero ahora todo lo que vivo tiene más sentido. Cierto, te alejaste de mi, y por eso no pienso compartir mis palabras con tu mirada. Quiero poder ver hacia las estrellas y buscar reflejos de felicidad, quiero calentarme con muestras de amor y dejar el frío que sentía en tus brazos. Ahora, estas palabras cobran vida, y se mezclan con todas las circunstancias para recitar poemas de dolor.

Y sin embargo dibujo en el atardecer el camino a olvidar, pretendiendo que la distancia la puedo silenciar en estos renglones. Deseo tanto poder descansar, poner mis latidos a dormir. Acostar mi vida contra una almohada, y escuchar el canto de grillos por la noche. Como esa eternidad vuelta real, como la sensación de tranquilidad que tiene el viento en el mar. Sin embargo, descanso. Imaginando que algún día puedas entender. Que algún día me vuelvas a querer.

Al final de cuentas no escribo para que tus emociones despierten. Escribo para que tus sentimientos te motiven. Las palabras devuelven el sabor de la noche, y es en párrafos donde escondo secretos que se pueden leer entre líneas. Como jugando a olvidar todo lo que se aprende. Tengo un cuaderno en mi mente donde tomo apuntes para vivir, lo que olvido, lo recuerdo luego de sonreír.

Una carcajada arrebatada por el deseo de ser feliz. Un momento de placer, un instante donde aprendo a crecer. Y duermo, acurrucado en los regazos de mi circunstancia, escuchando en el silencio, enseñanzas. Cierro los ojos para descansar la mirada pero el pasado me descobija. El pasado. Lo que dejó de ser. Por eso le recito poemas de amor a tus oídos, en forma de delicados besos, disfrutando, como nunca, el sabor de tus labios, mujer.

Y la melancolía se disfraza de noche, y las estrellas me incitan a soñar, a creer. Por eso guardo en cada noche mi esperanza, para dormir cobijado. El futuro. Lo que llegará a ser. El intento de volar, como fracasar y volverse a levantar. Por eso, dejo boronas de recuerdos en mi vida, para nunca olvidar a quienes me quieren, para regresar cuando ya no pueda avanzar. Como perder con sabor a ganar. Como tu adiós y no sufrir jamás.

domingo, 7 de agosto de 2011

Muero, pero vivo en tu mirada.


Muchas veces me he preguntado cómo hace tu voz para encontrar una sonrisa en mis labios. Hoy me propuse descubrir entre tu mirada la razón que me mantiene despierto. Hoy quiero robar dos estrellas al cielo para iluminar tu belleza y convertir tu sonrisa en pura delicadeza. Hoy, justo antes de morir, quiero saber una vez más de ti, y compartir mis últimos pensamientos a tu lado.

Siempre fuiste la que inspiró mis palabras, fuiste el aire que le daba trabajo a mis pulmones; el sonido de mis latidos pidiéndote que no me abandones. De repente, te convertías en todo lo que temía, en cada rasguño de dolor, cada momento de tristeza. Incluso, y lo sabes muy bien, fuiste la mayor decepción de mi vida. Pero con la ternura de tus lágrimas fuiste cobijando mis heridas, y con besos reviviste lo que hace un tiempo sentía.

A pesar de todo, de las cosas buenas y las malas, a pesar de que hace un tiempo te alejaste, hoy la vida nos dedica este instante de dolor, de emoción, de saber que después de aquí no hay nada, donde el recuerdo se acurruca en la almohada y duerme, duerme en un sueño profundo donde puedes ir cuando quieras. El recuerdo, a partir de ahora, se convierte en el recreo de mi muerte, donde juntos viviremos una vez más el amor que tuvimos, donde juntos dejaremos de ser dos para ser solo uno.

Ahí, donde cada tarde será infinita, donde el amanecer nunca se termina. Donde puedes dibujar nuestro amor entre las nubes y pintar el paisaje de colores. Donde podremos vivir sin preocupaciones, correr y reír sin rencores. Ahí, en el mismo lugar en que quedamos unos años atrás, cuando decidiste alejarte, cuando decidiste dejarme. Pero morir es una forma de vivir, de recobrar el tiempo que perdí. Es una manera de tenerte junto a mi, de besarte una vez más, de saborear tus labios sin esperar.

Muero, pero vivo en tu mirada. Muero pero me aferro a ti, mi enamorada. Dejar de respirar no impide que deje de sentir; sin latidos me tendrás junto a ti, en cada brisa, cada tormenta, en cada noche, en cada instante. Viviré incluso más, pues cuidaré de tu camino, y mi destino será abrazarte, sin descuido. Pues cada paso que des, cada pequeña imagen de reojo, cada calor, cada sensación, cada respiro; pues cada instante de soledad estaré contigo, sin fallar.

Ahora, presiento que muero. Y con una sonrisa me despido de tu olor, sintiendo el calor de tus manos unidas a la mía, como descansando en una tierna cobija. Y disfruto del color de tus ojos una vez más; disfruto tanto poderte amar, que en el último respiro me llevo conmigo un poquito de nuestro amor, para cosechar en la tierra semillas de esperanza. La vida no se acaba, no cuando dejas recuerdos en memorias. No cuando sientes que amar vale la pena. ¡Que amar es mucho más que la vida entera!

Muero, pero con cada respiro tuyo reacciona una sonrisa mía. Con tu mirada he construido alegría. Quiero sentirte conmigo, sentirte mía, quiero abrir los ojos y cobijar el miedo. Pero es tarde, y el tiempo me apuñala. Lo que fue se acaba y lo que no, se apaga. Las discusiones, los besos, preocupaciones y deseos; la vida escurrida en instantes imprecisos, en silencios, en gemidos; en la desesperación que domina lo incierto.

Pero tus manos, las que besaba por las noches antes de dormir, se convierten en mi fuerza, en mi fuerza al partir. Ese susurro delicado de tu voz, tus labios, el olor, la ternura de tu aroma y la magia de tu amor. Y tus ojos, las lágrimas, la pureza de tu mirada, escondite de tus secretos. Con una sonrisa hipócrita me calmas; me dices que me amas y un sonido en el fondo me relaja. Un último intento de mis latidos por rimar tu nombre antes de morir; me abrazas, te suelto, y con mi muerte, dibujo un adiós en el tiempo, para dejar una marca en tu memoria que te haga sonreír en silencio.

domingo, 31 de julio de 2011

Nunca pretendí dejarte olvidada.


Nunca, sobre estas mismas líneas por las que caminé tanto tiempo, pretendí dejarte olvidada como un recuerdo. Como la sensación que se tiene al despertar de un sueño. Supe desde el principio que tu mirada sería eterna para mis ojos y con el color de tus pupilas le diste luz a mis sonrisas. Luego de tantas desviaciones he llegado a pensar que tal vez es hora de marchar.

Pero la nostalgia me acompaña cada noche en la cama. Duermo pensando en la posibilidad, de ver para atrás y hacerte realidad. Porque en la vida, la constancia de querer seguir es una herramienta para alimentar mis dolores, una forma de creerte las mentiras, de creerte cuando me miras.

Pero pienso, intentando recapacitar inmerso en lo incierto, que las mañanas tienen color cuando escucho la delicadeza de tu voz. No entiendo, presiento que será un problema, no poderme alejar de tu olor que me envenena. Soy quien pretende resucitar lo que un día tuvimos; soy quien cada noche te regala un suspiro.

Y ando por esta vida con la felicidad de un niño al jugar, ando pero no logro caminar, ando pero no te logro encontrar. Sé que te fuiste. Sé que no te perdí. Sé que escondida en mis latidos por siempre estarás. Pero hoy, justo cuando las sirenas interrumpen el silencio, recuerdo fríamente el proceso de los hechos, la locura de sentir tus besos peleando en contra de borrar mis miedos.

Es un consuelo para la mente. Es la mentira que me mantiene pendiente. Es lo irreal creído verdad. Eres tú, con un poco de maldad.

La característica esencial para mantenerme a tu lado es obviar que me quieres y dejarme abandonado. Irracional, la forma de reaccionar. Pero es que no logro controlar lo que siente el corazón. Como golpes de torpeza. Como la misma piedra una vez más. Dispuesto a dejar mi cordura en tus labios. Dispuesto a sufrir, dispuesto a tu lado morir.

Y qué más da descobijar un par de sueños, si al final de cuentas eres la dueña de todos mis miedos. Qué más da, aconsejar al viento dejar de soplar, y de una u otra forma aprender a escuchar en suspiros las recetas que me permiten vivir. Con palabras he convertido una frase en una caricia a tus mejillas, con mis pensamientos te he motivado a creer en lo que ya no existe. Con cada una de las cosas que escribo, has ido cosechando la idea, la bizarra idea, de que se puede leer el corazón por medio de rimas.

Recuerdo que te tuve, y que fuiste mía. Tal como recuerdo que me heriste y que maltrataste la herida. Por eso ya no suenas en la bulla de mis ideas, ya las rimas no buscan tus sonrisas. Ahora escribo para coser memorias, para sanar heridas. Escribo porque en estos párrafos desdibujo tu mirada. Y mi inspiración, la que mucho tiempo fue solo tuya, se convierte en mi pañuelo de lágrimas, en mi propia caricia; quiero olvidar que algún día golpeaste con tus mentiras el deseo de mi vida. Quiero borrar el sueño que ensuciaste.

Por primer vez en mucho tiempo me escucho entre palabras. Puedo poner a trabajar a mis recuerdos, y borrar con tranquilidad cada uno de mis miedos. Hoy, diferente de ayer, no estás más aquí. Hoy, estas palabras no tatúan tu mirada en el viento. Creo que hoy me despido de este amor perverso, el que convertiste en pesadilla un tiempo atrás, el que nunca luchaste por recuperar.

Nunca, sobre estas mismas líneas por las que caminé tanto tiempo, pretendí dejarte olvidada como un recuerdo. Pero aquí estoy, bajo la misma luna, pintando estrellas en el cielo. Y con el dolor de cada letra decirte adiós una última vez. De verdad, nunca pretendí dejarte olvidada como un recuerdo. Nunca. Pero aquí estoy.

domingo, 24 de julio de 2011

Volver.




Puede que con el tiempo, la distancia, todo lo que vamos percibiendo vaya cambiando. Hoy, me siento una vez más en frente de mis palabras, y las acomodo para que rimen con mis sentimientos. Luego de que pasa el silencio, el final de muchas etapas, encuentro el sentido de todo lo que llevo haciendo, y lo que he dejado de hacer. Es hora de recordarle a mis emociones que tienen una puerta de salida, un desahogo en medio de tanto alboroto.

Las reglas cambian. Es hora de dibujar un nuevo campo en donde las ideas se presten para ser usadas. Es momento de darle musicalidad a los sentimientos. Es momento de dejar plasmado en el viento lo que llevo aquí adentro. Un recuerdo, una nostalgia. El cosquilleo simpático del viento por la mañana. Y de una u otra forma refresco en este instante la frustración de pretender obviar lo que no se debe, de engañar y confundir lo que nunca debió dejar de ser.

Por momentos traté de dejar a un lado lo que escuchaba entre silencios. Puede ser momento de admitir que la neblina de todo este tiempo y la dureza de las circunstancias han ido haciendo del presente un momento inoportuno para plasmar. Sería como intentar mentirle al futuro. Sería como pretender borrar lo que ha sido tan duro. Puede que sea momento de acompañar con una sabana el frió de la noche, y qué mejor compañía que estas palabras en molote.

Ya dediqué sonidos y colores en versos y canciones. Ya le escribí al amor que perdí, al que no encuentro; al que lucho por descubrir. Ya le regalé segundos a tu mirada, la misma que cada noche recuerdo antes de dormir. La misma que me permite seguir. Pero el tiempo pasa, y no se devuelven las sonrisas. Solo la esperanza de reír a carcajadas. Los dos juntos. En la cama. Riendo. Como siempre debió ser.

Por todo eso tomé la decisión de volver. De escribir. De tener un medio que se convierta en mi fin. El arte de mis sentimientos, el secreto que cuento en cada sílaba. No se supone que sea tan coherente; a veces las cosas más claras son las que se enredan en tu mente. Puede que llegue un día donde todo vuelva a acabar. Puede que llegue el día definitivo para comenzarte a olvidar. Puede que ese día haya quedado atrás.

Quiero descubrirme una vez más entre escritos. Quiero volver a interiorizar las cosas que me faltan por aprender. Quiero. Puedo. Porque deseo que estas líneas lleguen a tus ojos. Y tal vez, solo tal vez, te acaricien el corazón. Como gotas delicadas, sensaciones bien plasmadas. Como recuerdos, como encrucijadas. Como la más linda forma de dedicarte mi inspiración.

Así, de esta forma inquietante, como secretos evidentes, como mentiras incómodas, puede que me tope una vez más con tu mirada. Puede que te sienta feliz, emocionada. Y entre el brillo de esa canción tan pura que escucho en tus latidos, oírte pronunciar una vez más mi nombre entre carcajadas.

Porque hacer lo que uno quiere es parte de vivir. Es encontrar el significado de esta vida entre cada dificultad. Entender que muchas veces una lágrima es la caricia de tu mirada; que tu sonrisa hace rima con mi esperanza.

Puede que con el tiempo, la distancia, se haya vencido la calma, pero no la confianza. Hoy, me siento una vez más en frente de mis palabras, y las leo para aprender a escucharme. Es hora de recordarle a mis emociones que escribir es el arte de imaginar, de soñar, y que con el paso de los años, las tristezas y alegrías, dedicarle palabras a la vida es mi forma de ser feliz.

jueves, 10 de marzo de 2011

Fin.


Cuesta dar los últimos respiros a estas ideas del día a día, poco a poco mientras escribo estas líneas voy asimilando el hecho de que son las últimas para cerrar el círculo; por durante un año entero me dediqué a trazar líneas de mis pensamientos y hacerlos palabras, construir en párrafos tantos sueños, ideas, emociones; incluso tanto dolor e injusticias que a todos nos toca ir percibiendo.

Hubo momentos donde escribir era complicado, donde armar el rompecabezas que había en mi mente era algo realmente difícil; en otros momentos las ideas simplemente brotaban y se plasmaban con mis manos en cuestión de minutos. Al final de cada día, tenía la increíble satisfacción de leer lo que escribía y saber que en secreto entregaba un poco de mí en la lectura. De verdad resultó siempre gratificante saber que muchas de las cosas escritas en este año ayudaron a muchas personas a sentir algún tipo de identificación, una empatía con lo que leían, que, como dije desde el principio, fue una de las principales razones de este proyecto.

Siento que escribir se fue convirtiendo para mi en un medio de aprendizaje, un motivo diario para seguir, para conocerme más, para interiorizar cosas que creía que ya entendía. Escribir es como verse en un espejo formado de oraciones, con verbos, tildes, rimas y colores; por eso pueden encontrar piezas de mí en cada poema, en cada cuento, en cada ensayo, en cada simple escrito; porque las cosas que he vivido me han permitido acercarme más a mí, las cosas que escribo es una forma de repetir para aprenderme de memoria las enseñanzas de la vida.

Nunca fue una cuestión de sencillamente cumplir, este proyecto siempre se trató de crecer, crecer yo como persona y ayudar a las personas en su mismo viaje de conocimiento, porque lo que yo siento no es nuevo, es lo que todos sentimos en determinados momentos de nuestra vida; pues en un entorno repleto de emociones y sentimientos, lo que nos hace falta a todos es acercarnos mucho más a ellos para escuchar el susurro del alma en cada detalle, cada pequeña cosa que creemos que no tiene sentido, es una pista en clave de sílabas para responder preguntas que guardamos en nuestro interior.

Muchas veces, me tocó cerrar los ojos en el silencio para ponerle atención al ritmo de mi corazón, donde en cada latido sonaba el grito de un sentimiento, uno que juega a ser el más grande de todos. Con el amor, la inspiración se resume en un rostro y en recuerdos, en la memoria y un mar de emociones que ahoga cualquier tristeza en este mundo. Escribir para el amor es como respirar en la vida; quien no comparta esa delicia de sentimiento no puede llamarse ser humano. Por eso siempre le tomé la mano a mis recuerdos, a mis ideales de amores perfectos e incluso los que están lejos de serlo, porque cada amor protege un reflejo de rayo de luz que viene del sol, para darnos calor y vida; cada amor es una puerta que nos lleva a un sueño repleto de bendiciones y alegrías; porque cada amor deja la huella de un beso tatuado en nuestro corazón, y en la memoria deja rastros para volver atrás en el camino y ser capaces de opacar cualquier sentimiento negativo que intente empañar nuestra ventana.

Quisiera que cada palabra escrita durante este año logre vencer la guerra del tiempo, para así dejar un recuerdo de mi vida estando o no en ella. Quiero poder imaginar que muchos años luego de morir, las cosas aquí escritas sigan sirviendo a muchas personas. Incluso quiero que estas cosas me ayuden a mí mismo en mi futuro, para recordar en cierta forma como me fui convirtiendo poco a poco en la persona que soy, y cómo me he desarrollado para llegar a ser la persona que quiero ser.

Duele terminar. Duele dejar atrás algo que ha sido parte de la vida de uno por tantísimo tiempo. No sé si parezca sencillo, pero escribir prácticamente todos los días durante un año exige mucho trabajo a la mente, para mantener un estado de inteligencia emocional que le permita a uno tener ideas sin importar el estado emocional en el que uno esté. Muchas de las cosas que he escrito en este año fueron escritos en momentos donde jamás hubiera pensado que podría escribir; sin embargo, quería enseñarme a mí mismo una lección de perseverancia y convicción; sin importar si estaba de ánimos o no, sabía que escribir tenía que ser parte del día, y me aferré siempre a la idea de saber que de una u otra forma tenía que cumplir con mi promesa, con mi intención. Parte de las cosas que he aprendido en este año ha sido a que las luchas internas y externas nos mantienen conscientes de quiénes somos y cuáles son los principales valores y principios que rigen nuestra vida; y no solo eso, sino que hacemos una base mucho más sólida de todos ellos.

Entiendo que los conceptos muchas veces pueden brincar de un lado a otro entre distintas personas, pero en el fondo, cada idea se mantiene como parte de una programación colectiva que nos permite a todos relacionarnos de manera directa o indirecta con infinidad de situaciones. Sé que nunca intenté descubrir el agua tibia con mis palabras, solo intenté subrayar párrafos de la vida que todos tenemos que pasar, párrafos que guardan entre comillas los secretos para nunca fracasar. Siento que cada letra escrita se mantiene pegada con el cemento de la coherencia para la eternidad y que de una u otra forma he ido convirtiendo un puñado de ideas en formas diferentes de aceptar nuestra realidad.

De antemano sobra decir que existen personas en esta vida que anclan momentos disfrazados de felicidad, y sin la compañía de ellos este camino jamás sería el mismo. La soledad puede atacar cada una de nuestras venas hasta llevarnos al punto de sufrir más de la cuenta; pero escondido en el silencio de una noche está el recuerdo de un pensamiento positivo dispuesto a despertar y luchar, pensamiento que debemos de cuidar como al mayor tesoro de nuestra vida, con la simple intención de sonreír cada nuevo día.

Siento el peso cada vez más fuerte de mis dedos al escribir, pues me voy dando cuenta que esto llega a su fin. No puedo despedir sin agradecer a tantísimas personas que me motivaron día a día a seguir; por el apoyo incondicional y las lecturas constantes, tengo que decir "¡Gracias!" a cada uno de los que han sido parte de este proceso, porque han representado ese aire que le da vida a mis fuerzas, representan las ganas de escribir una vez más; "¡Gracias!" porque así como la luz del sol le da vida a las plantas, estos escritos cobran vida con sus lecturas, pues de no ser así, tantos verbos y rimas, tantas consonantes y sílabas se ahogarían en el silencio del vacío. ¡Gracias!

Y ahora que escribo éste último párrafo, recuerdo con alegría tantos momentos que he vivido en este año. Tantas lágrimas y sonrisas; preocupaciones y caricias, tantos momentos de estrés para entender los dictados, muchas veces ambiguos de mi corazón, y la forma casi mágica en que escurrí entre mis dedos las ideas de mi mente. Ahora, espero que todo lo que queda aquí encuentre nuevos destinos, nuevas formas de mejorar perspectivas, porque si hay una cosa que tiene que quedar de enseñanza es que sonreír es la forma perfecta de mejorar en algún sentido la vida de los demás.

"Muchas veces por estar metidos en nuestros propios problemas se nos olvida el mundo que está ahi afuera. Y muchas veces somos groseros, maleducados y desinteresados con las personas que nos rodean, por lo que siento que la teoría de sonreír aún en los malos momentos es una buena forma de comenzar a mejorar el mundo" 10 de Marzo del 2010

Cierro los ojos luego de tanto escribir, y repaso en mi mente los reflejos de mi corazón, para entender poco a poco que el alimento de esta vida se consigue con las acciones que traigan orgullo y felicidad; quiero atar en una esquina del mar todos los pensamientos que me impiden crecer, quiero romper de una vez por todas las ataduras del ayer.

En silencio y con frescura, el viento por la mañana, quiero entorpecerle el camino a la locura, para lentamente abrir las puertas a la vida, aprender a valorar en cada instante cada detalle, porque la vida es rápida y el paso de los años se aniquila contra el tiempo. Quiero poder sentir en mi pecho el calor de un sentimiento que me golpee, quiero caer y levantarme tantas veces como sea necesario, para cultivar cicatrices que me recuerden lo que viví.

Sentado en este balcón y con la mecedora rechinando, escucho cantar al viento con el susurro de la paciencia, cada nube y cada árbol se conjugan en esta pieza que hace música en mis oídos, como quien intenta recordarme que el final ha venido. Guardo una última sonrisa que me repleta de emoción, que me hace brincar en la quietud de este momento tan nostálgico.

Percibo tantos sentimientos acorralándome contra la vida, en un intento de expresarse una vez más. Quiero gritar, reír, cantar y bailar; quiero descontrolar mis motivos y razones. Quiero escribir una vez más y hacer alboroto con la imaginación, la que por tantísimos días ha sido compañera de mi vida. Quisiera componer un poema de amor y dedicarlo a un recuerdo en específico, quiero escribirle una carta al dolor para agradecerle por ser escultor de mi alma.

Pero el tiempo se termina y con él viene el silencio de mis palabras. Todo, absolutamente todo se acaba en esta vida, excepto el recuerdo que deja empañado el espejo de la alegría. Y aunque esta etapa se acabe, y en apariencia se escondan mis pensamientos, quiero guardar en el bolsillo de mi camisa el sabor y los colores de este cuadro que he pintado; quiero en el futuro ver hacia atrás y encontrarte a ti en cada uno de mis escritos...quiero encontrarme sonriendo en la memoria de mi pasado.

Un silencio adorna este momento con la satisfacción de haber cumplido. Un suspiro se cobija con las respuestas que he encontrado. Un par de lágrimas se secan con la brisa que regala una simple esperanza. Ahora cierro los ojos, repaso, repito, aprendo; cierro los ojos una vez más y escribo lo que nace aquí adentro, y con esta última línea despido una etapa dibujada para la eternidad, en trazos de pinceles con formas de felicidad.


¡Gracias!



FIN

miércoles, 9 de marzo de 2011

Las últimas palabras de amor.


Sobra decir que fue el brillo de tus ojos el que hizo posible en su reflejo que cada palabra inspirada en el amor fuera escrita en estas páginas. No debería de hacer falta decir que me inspiró el aroma de tu cuerpo y la sonrisa que tienes al despertar; tus ojos, tan achinados por las mañanas, jugaron a enamorarme siempre, a regalarme ilusiones y rimas.

Ahora que dejo de escurrir mis sentimientos en palabras, quiero que sepas que cada historia de amor tiene un rostro y una risa tatuadas dentro del significado real que me llevó a escribir cada día, cada noche, pensando en nadie más que en ti, pues no existe forma de silenciar la voz de tus latidos, que en música riman con los míos.

Quiero dedicarle frases una última vez a tu mirada, y poder sentir tus labios, besos exquisitos que envenenan, que atan, que le dan vida a mi ser. Como cada noche que dormí a un lado de tu respiración, donde encontré escondido dentro del calor de tu cuerpo la razón más preciosa para vivir cada día; cada abrazo, cada caricia son regalos del amor que hoy, hoy que no estás aquí, cuido como el tesoro de mi vida.

Creo que te lo dije varias veces: no existen palabras capaces de describir de forma clara lo que me haces sentir. Sin embargo aquí estoy, tratando de coser con adjetivos, sentimientos; intentando al menos poder desahogar este amor maniatado por la diferencia de tiempos, por la distancia a pesar de estar tan cerca.

Puede que no haya manera de volver el tiempo atrás, y corregir los malos pasos que le dieron a esta cuento su punto final, pero la paciencia de la mano con el tiempo, quieren ser compañeros de esta historia que no acaba, por la terquedad de dos corazones enamorados, la necedad que nos mantiene juntos a pesar de estar separados.

Al menos de esta forma le tomo una foto a este sentimiento, de manera tal que nunca voy a olvidar lo difícil que fue dejarte atrás. Es un juego constante en mi mente, un juego que me engaña y me miente. Pero creo estar seguro, que lo que siento por ti no se compara con nada en este mundo, y aún sabiendo que no te puedo tener ahora, en silencio lucho por un futuro a tu lado.

Cierra los ojos y recuerda cada instante que compartimos; cierra tus ojos y siente en tus labios mis besos una vez más; puedes escuchar al viento diciéndote al oído lo que grita mi corazón, y con la brisa, una caricia, te dedico en este cuento cada detalle de amor; y la ternura de una noche en tus regazos se convierte en el sueño que me desvela.

martes, 8 de marzo de 2011

Cada pieza.


Porque a pesar de que la soledad machaca mis sentidos como martillo que lastima, que hiere con la crueldad que guarda la indiferencia al pasar, yo mantengo firme la idea de que por el corazón se tiene que luchar. Hay muchas formas de comprender el movimiento de una estrella fugaz y cómo de repente parece que deja de existir, pero solo hay una manera de leer en su polvo estelar las palabras que recitan la forma coherente de amar.

No vale simplemente decir, porque sería quedar en la antesala del hacer, donde demuestras con cada centímetro de tus sentidos aquello que le da rienda suelta a tu imaginación; una iniciativa que se convierte en el pasillo de la certeza, tan justa y necesaria en momentos donde las mentiras se regalan en todas las esquinas.

Recuerdo muchas tardes que miraba fijamente el paisaje, y trataba de gritarle al viento lo que sentía, plasmando palabra tras palabra en un hoja de papel y al terminar le permitía al viento llevarse consigo mis pensamientos. Era un ejercicio que relajaba mi mente, se fue convirtiendo poco a poco en la manera más exacta de permitirle a mis ideas empaparse de constancia.

Duele, realmente duele ver que no eras la persona que parecías ser. Creo que lo que más golpea es el hecho de que no consigo tejer las líneas que atan un sentimiento sin nacer, busco y por más que busco no encuentro dónde dejaste perdidas aquellas palabras del ayer, donde me decías con la seguridad del amanecer que me querías a tu lado, que no me dejarías ir.

Ahora no queda más que seguir, encontrar el camino que me aleja de ti. A pesar de que guardo en un rincón de mi memoria las fotos que congelan la imagen de tu amor, tengo por cierto que el tiempo y la distancia me permitirán abandonar esta carga; doy fe de que no existe mayor decepción en esta vida que destapar una cruel mentira, y de la mano con las falsas palabras fuiste preparando sin piedad la muerte de este amor; heridas de ilusión que cultivaste en mí, veneno y traición.

Puede que la nostalgia llegue, y me encuentre tan desolado, tan vulnerable. Puede que la tristeza no se apiade de mí y me devore como presa en desamparo. Pero la vida, en sus vueltas inciertas, con un destino empadronado en la consciencia de los cielos, se comprometió en el pasado a crear un pilar de fortaleza, uno que me permite respirar con fuerza, porque sé, y tengo plena confianza en que hacer bien las cosas es una manera de sembrar alegría.

Ahora todo parece caer, cada pequeña pieza de este lego sin final se desacomoda en lo temporal de la circunstancia. Y entiendo, leyendo entre líneas, que muchas veces intentamos apurar lo que no se debe apresurar, obligamos a ciertos sentimientos a expresarse sin querer; cada rompecabezas debe ser desarmado cuando la última pieza no entra, para encontrar la forma distinta de hacer que las cosas calcen naturalmente; podemos forzar situaciones para que entren en nuestras pretensiones, pero definitivamente ese nunca va a ser el mejor resultado.

lunes, 7 de marzo de 2011

Unos intentan, y otros logran seguir.


Y con el silencio, la amargura.
La tristeza de guardar esta duda.

El momento inoportuno.
Del segundero en mal estado.

Buscas y buscas un alivio.
Una forma distinta de ver el mundo.

De tantísimas perspectivas.
Que te muestra la vida.

Escoges solo algunas maneras.
Unas simples formas de leer.

De aprender a coser heridas.
A guardar recuerdos en cicatrices.

Y sin pensarlo dos veces.
Mezclas agua con aceite.

Esperando obtener resultados distintos.
Esperando tener lo que nunca tuviste.

Por una mera idea de esperanza.
Una ilusión que te llena de ganas.

De entender que el destino.
En apariencia sin forma.

Tiene maneras distintas.
De aparecer en la fórmula.

Como una constante más.
Que juega a desaparecer.

Pero que define los conceptos.
Y los puntos de vista.

Con tantísimas maneras de vivir.
Unos intentan, y otros logran seguir.

Porque cuando caes.
Y sientes que te cuesta levantarte.

Llevas implícito un obsequio.
Un regalo del mundo.

Que te enseña a valorar.
A medir bien el tiempo.

Porque cada día que pasa.
Cada sol en el atardecer.

Aparentemente sin importancia.
Y sin nada que aprender.

Es una forma de la vida.
Que te habla al oído.

Para contarte que la felicidad.
Es una forma del camino.

Y que cada sonrisa que das.
Se convierte en caricia.

Prepárate para el final.
Toma tus últimos respiros.

En cada estrofa escurre bien tus pensamientos.
Cada sentimiento que pintas de colores.

Aprende a leer entre renglones.
Para escuchar el susurro de las emociones.

sábado, 5 de marzo de 2011

Dejo de contar segundos en mi mente.


Con el sol en mis pies siento el calor que me hace recobrar la cordura, puede que sea un simple reflejo a través de la ventana, incluso puedo percibir una mentira en mi almohada; un dolor que respiro en el aroma de tu perfume, extraña sensación donde la melancolía juega cartas con la memoria. Descalzo, disfruto tiernamente de este descanso que me da la vida, donde recobrar energía comienza a ser parte de la ecuación.

Ya puedo distinguir en el horizonte el barco del que hablaban, el que tantas veces escuché mencionar en las historias que recita el tiempo; un velero que acompaña cada tristeza con la fuerza del viento, y con cada golpe, cada ola, con la esperanza que se dispersa en el calor, puedo toparme de frente con una verdad sin miedo, que me dice al oído la razón por la cual seguir.

Una lágrima que viaja por el océano intenta cubrir el alimento de la vida; una amargura envuelta en el papel de la ilusión es tal vez una extraña manera de entender la ironía de este cuento. Pierdes cada detalle de tu vida, pierdes tus sueños y alegrías, sin embargo te mantienes fuerte y constante, te mantienes siendo quien siempre has sido; en instantes todo pierde sentido, pero al siguiente minuto encuentras los motivos disfrazados en medio del movimiento del mar, con la sequedad en tu boca y el increíble deseo de ver más allá del infinito, te propones que a pesar de las heridas vas a seguir, intacto de alma, haciendo alarde de una paciencia que no creías tener y convenciéndote a ti mismo de que esto merece la pena.

El sol llega ahora a mi pecho mientras el atardecer se prepara, tan lento y a la vez tan rápido, que cuando quieres quedarte viendo fijamente al sol en cuestión de un pestañeo ya no hay nada que ver, solo ese color rojizo del cielo que se confunde con la delicadeza de un pintor mientras hace su obra; como jugando a ser Dios en medio de tanta zozobra.

Y piensas, y sientes, te dedicas a contar los segundos en tu mente. Sabes y tienes presente que la vida no es un juego como muchos creen, pues a pesar de ser corta, es precisa y justiciera, pues cuando menos creemos obtenemos lo que cosechamos. Por eso he ido guardando silencios que me tranquilicen en esta bulla; he ido guardando caricias que me calmen en esta angustia; sobre todo he escondido dentro mío un secreto que me mantiene vivo, una idea convertida en ilusión. Es un simple motivo para darle impulso a mis pulmones, una forma de decirle palabras de amor a mi corazón para que no deje de latir; creo que a pesar de tantos golpes en mis pies, hoy puedo sonreír con la tranquilidad que guardo en uno de mis bolsillos.

Ahora el sol llega a mi rostro, y tengo que cerrar los ojos por el golpe de los rayos de luz. Aprovecho este descanso para agradecer por cada uno de mis pasos, porque ahora, ahora que ya veo aquél barco en el horizonte, me doy cuenta que ha llegado la hora de partir, de terminar con esta situación y seguir. Ahora, mientras siento las olas muriendo en mis pies, mientras el sol me abraza con su precioso calor, entiendo que es un buen momento para dejar de contar los segundos en mi mente; quiero soltar el peso que cargo por el bolso en mi espalda, y sustituir cada mal recuerdo por la certeza de saber que no pasaré desapercibido, y que estas palabras encontrarán un nuevo destino.

viernes, 4 de marzo de 2011

Tu café descafeinado.


Por todo esto que he comentado es que le pierdo la pista a la preocupación, a la que lastima. Al menos intento convencerme de que la distancia entre tu corazón y el mío es un simple obstáculo que el tiempo se encargará de solucionar, porque hoy más que nunca estoy seguro que cada latido mío hace rima con uno tuyo.

Ahora te sientas, a mi lado, y tranquila tomas tu taza de café, descafeinado, como siempre, como de costumbre, como aprendí a conocerte del otro lado de tu espejo, que con tu mirada reflejaba la felicidad que sentías, a mi lado, y que hoy, a pesar de saber que la distancia es un puente, sonríes al recordar, al oler una vez más el café, el mismo, el descafeinado.

Puedes empezar a dormir, lentamente comprender, analizar, sembrar y esperar para cosechar. Quizás en un rincón del silencio logres escuchar con claridad el susurro de un pensamiento triangular, donde cada ángulo juegue a buscar tus labios, para besarte y disfrutar de ellos una vez más; donde cada espacio vacío en tu memoria se complete con la emoción de sentir adentro tuyo la esperanza de un momento como ayer, de un momento que mejora y que alivia con el paso de los días.

Mientras eso pasa le haces cariño a la nostalgia, una tarde amarga, sin sabor, con la desesperación de perder la elección, la oportunidad de sonreír, de verte una vez más. Y hay momentos donde no encuentras luz, donde cada motivación se esconde tras una idea sin razón, pero que explica, y que finalmente te hace entender, entender todo aquello que quieres tener.

Por eso encontrarme dentro de tus ojos nunca fue tan difícil, porque tu mirada, fija, en su austeridad incierta y preocupante, transmitía sentimientos de colores, que pintabas con cada una de tus sonrisas, y que me enseñaste a calcar en mi vida, como quien pretende hacer del recuerdo, una alegría.

No permitas nunca dejar atrás el pasado, sin al menos tener presente los puntos que son importantes. Porque cada detalle que te produjo dolor, al mismo tiempo te dió una lección. Gracias a cada errar en esta vida y tu forma de enfrentarte a tus miedos, hoy puedes sentir el orgullo de mantener la frente en alto, y dejar la cobardía en el frío de la inexistencia.

Una vez más llega la noche, y me buscas con intensidad, traes tu taza, te preparas el café, sales a la terraza, aquella vieja terraza donde hace años te enamoré; descafeinado como siempre, y ese olor característico en el ambiente, al lado de la frescura del viento por la noche; me buscas, te sientas a mi lado, como recordando el pasado. Y en la tranquilidad del silencio, un susurro se escribe en tu mejilla, pidiendo en un beso, una caricia; duerme preciosa, y recuerda quiénes fuimos, duerme y toma tu café, descafeinado...a mi lado, como siempre lo hiciste.

jueves, 3 de marzo de 2011

Suspiro de felicidad.


Conforme pasan los días siento cómo se va acercando el momento de dejar todo esto, de terminar un ciclo importante y abrirle la puerta a un nuevo destino, un nuevo plan de vida que se muestra como una linda oportunidad para seguir la ruta a encontrarme, a crecer y vivir con nuevas perspectivas e ideas, distintas formas de mejorar en algún sentido la vida de quienes quiero.

Tengo muchos sueños que he deseado cumplir, existen deseos que se cuelan en mis días como agujas tercas y necias, que procuran hacer de mi una persona con ambición y pensamientos positivos. No es fácil vivir en un ambiente denso, y aún así mantener una tendencia de ventaja mental, de perseverancia; es y siempre ha sido importante para mí ser consciente de que mi presente nunca determinará mi futuro; y que mi pasado lo aprendo a utilizar de manera que me beneficie, y jamás al contrario.

Porque si bien es cierto que la vida es difícil y cuesta recuperar las fuerzas que perdemos en cada lágrima, luchar es un increíble medio para sentir el orgullo de que cada acción en esta vida tiene una recompensa, de que existe un plan maestro precioso y preciso que muchas veces no entendemos, pero llega el momento donde cada pieza toma su lugar y convertimos cada lágrima en un sonrisa sin final, porque no hay mayor satisfacción en este mundo que, a pesar de que las cosas no vayan resultando como queríamos, mantenernos constantes en quienes somos y lo que creemos y al final, con un simple detalle y sorpresa descifrar el código que había sido nuestra tormenta, convertida hoy en la más dulce victoria.

Por eso insisto en tener constancia, en definir claramente nuestra forma de llevar la vida, creando una base fuerte que sea capaz de sobrepasar incluso los peores momentos sin tambalear su estructura. No podemos perderle el valor a los principios, pues son la primer arma con los que podemos combatir nuestra personalidad; no es más importante el que más calza, sino el que más logra defender sus creencias, sin importar lo que otros digan o crean.

No creo tener una verdad absoluta, pero al menos transmito mis ideas en lo que escribo, en representación de mi forma de ver la vida, y buscando poder ayudar a otras personas a formar un criterio con distintas perspectivas. Puedo verme en mis escritos igual que en un espejo, sin denotar ninguna distorsión en la imagen, porque la idea de ser transparente es una buena forma de cosechar credibilidad, y la credibilidad ofrece confianza y seguridad; tal vez dos de las cualidades que hemos ido perdiendo mas no debemos darlas por perdidas.

Recuerda que la vida es un detalle con detalles, que el secreto más oculto lo tiene una flor en su aroma, o en los rayos de sol por las tardes, tal vez en la frescura de la brisa o en el sonido de un piano. El secreto de esta vida no es ningún secreto en realidad, es sencillamente encontrar una manera de aprender a valorar cada pequeña cosa que hay a nuestro alrededor, y encontrar formas de mejorar el mundo. Y creo que ha quedado más que claro que una manera de mejorar lo que parece ya destrozado es una cálida sonrisa, una caricia o incluso un suspiro de felicidad.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Para reír, se tiene que llorar.


Por cada nuevo paisaje siento esta explosión de pensamientos que invaden mi cabeza, como recordando que un final se acerca y que es momento de acurrucar una vez más en mis regazos el deseo puro y transparente de crecer como persona, de acercarme a mí mismo y de tomar los últimos respiros exhalados en forma de palabras.

Voy recordando paso por paso el increíble camino que me ha traído a hoy; realmente una colmena de aventuras que sobrepasa cualquier pretensión, cualquie pequeña pero gran idea de lo que realmente es algo que jamás creí que fuera. Puede que se pierda en un rincón de mi reojo, las ideas claras y concisas de lo que no quiero que sea algo que ya es. Un laberinto de frases juegan a en mi mente colarse, y hacer de tripas, corazón.

Perdido muchas veces en el vaivén de este barco, he viajado por los mares de la tristeza y la decepción, pero jamás le he permitido a las nubes hacerme dudar de la existencia de las estrellas, pues en los peores momentos de este proceso he encontrado una puerta de escape en estos párrafos que hoy se detienen eternamente.

Cada momento que he creado con mis acciones han ido constituyendo una institución de enseñanza con la potestad de crear en mí a una persona mejor cada día, abierta a entender que las perspectivas no se limitan a las circunstancias que vivimos, sino que se moldean con la actitud y los pensamientos que vamos sintiendo. Por eso, ciertos puntos de vista se muestran hoy como las mejores alternativas a un camino enredado, maldoso y con espinas que en tantas ocasiones jugaron a matarnos, a hacernos perder un poco de nosotros.

Pero la verdad es que en lo que escribo está lo que pienso, y trazo una línea clara que me lleva a la persona que quiero poder ser; un cuadro pintado con los colores de mi vida, una pintura en la que utilicé pensamientos como pinceles; ahora que el tiempo pasa y dejo atrás muchas cosas, voy entendiendo lentamente el sentido de los errores, el sentido de las desviaciones; entiendoo que en esta vida para reír, se tiene que llorar.

martes, 1 de marzo de 2011

Crítica


Creo que en esta vida nunca vamos a realmente entender cada cosa que nos quita la paz, tal vez podamos ser capaces de sobreponernos y a terminar aceptando ciertas cosas que creemos sin sentido; pero al final, el diseño subjetivo que va adquiriendo año tras año el mundo, se convierte en una puerta de salida para las locuras que encuentran su lugar en el vacío.

Puede que con palabras más o palabras menos pueda decir lo mismo, pero el mecanismo de sociedad que tenemos mantiene un bajo perfil en cuanto su lógica matemática y calculadora de un planeta que alardea con ser tecnológico y avanzado. Tantos secretos guardados en tan pocos cerebros; tal vez si el mundo conociera con detalles cada aventura del ser humano en su intento por jugar a ser omnipotente, podríamos en conjunto buscarle solución a este misterio sin juicio.

Incoherencia tras incoherencia, vamos haciendo caminos marcados con boronas de pan, tal vez para algún día retomar el sendero justo, el equitativo; palabra que no existe en el diccionario de los exitosos, como otras que también podría escribir en este mismo párrafo, pero las reservo para no sesgar la opinión del que lee. Piénselo.

Un día, de repente, una persona juró tener la idea de la historia, para suplantar en esta tierra la humildad con la avaricia. Nadie reclamó, y si lo hizo creo que murió. Gracias a la construcción de este orden mundial hoy podemos ser testigos de las mayores plagas y mafias de la historia; ladrones de cuello blanco, corruptos de saco y corbata; violadores con la cruz en el pecho.

Y no era difícil de suponer que hacia eso nos llevaba el tren, un destino evidente que se ha convertido en una realidad elocuente. Ahora las paradas en este transporte solo se dirigen hacia un mismo norte, donde vale más un papel impreso que la lágrima de un niño hambriento; donde vale más una casa vacía que una familia sin hogar.

Podemos darnos el lujo de tener unas cuantas personas sumergidas en absurdas cantidades de dinero, mientras un continente entero suplica por agua potable; podemos permitir que los bancos se roben las casas, de aquellos que la han luchado por años.

Pero aquí no ha pasado nada, y el poder es el mismo con distinta máscara. Los que están arriba, quieren seguir subiendo; los que están abajo mueren por al menos respirar. Creo que mientras no cobren el aire que inhalamos todavía nos quedan ciertas esperanzas de seguir luchando.