domingo, 29 de abril de 2012

Solo dos.


Dos, y con forma de sorpresa la suerte me complace. Fueron dos, y justo en el instante del silencio pensé lo que imaginaba, olvidé lo que recordaba. Solo dos, y en cuestión de segundos la vida se confundió entre la lluvia; pensamientos que en delicados trazos dibujaban una cara triste en el paisaje. Pasa, como todo; un recuerdo que atrapa, que molesta, y ahí, como hoy, un día de tantos me voy, me despido.

Por eso supe que sería bueno sentarme y, con la calma que regala el tiempo, buscar la frescura de mis emociones, dedicar al recuerdo estas palabras escritas en el viento. Como una idea, la memoria que se desvanece con los días, hoy intento apagar con mis palabras los miedos que van abriendo las heridas. Al final, la vida siempre encuentra un desatino, una forma de hacerse valer, de dejar todo en el ayer.

Y voy contando estrellas fugaces, escribiendo de vez en cuando; voy sumando razones para vivir, para aprender. Solo dos, y el tiempo acelera los latidos. Abro los ojos y pienso, lo que nunca pensaba; dos. Y nunca entendí cómo pasó, aún analizando con calma; la situación parecía estar fuera de control, como el destino burlándose de todo.

Lluvia, y como parte de un dilema se escondía una trampa en el camino; descuido y al instante mi error. Dos, solo dos pensamientos. Fue cuestión de segundos para que todo cambiara, para que las ideas se aclararan. Ahora me siento en frente de una hoja para contarle al tiempo un secreto, uno añejo; de esos que dejan marca, que arrebatan tristeza; de esos que enseñan, que motivan.

Dos pensamientos, una enseñanza; varios segundos. Una nueva manera de entender las cosas, de vivir los motivos. Las razones pesan, como tenerte entre mis brazos, como amar nuestra descendencia; mi deseo más grande. Y para compartir esos momentos toca vivir, luchar; tener cuidado y caminar. Es lo que es, sin pensar tanto; la vida sigue y golpea sin querer; o queriendo. Todo se resume en la fuerza, las ganas de luchar, de aprender, de corregir para crecer y sonreír antes de llorar; dejo esto para tus ojos: mi manera de recitarte al oído en susurro tranquilo que te tengo presente a cada instante.

Si la vida se topara con el descuido de mi suerte, y con descaro el destino se tiñera de injusticia, quiero encadenar mi sentimiento a tus latidos, que recuerdes lo que siento. Si me tocara despedirme sin poder decir "adiós", quisiera hacerle cosquillas a tu tristeza, y en silencio sacarle un respiro a tu alegría. Que no se te olvide ser feliz aún en la tristeza; la vida tiende a confundir, el tiempo pasa sin dejarse sentir. No es tarde si respiras, es tarde si no cambias; no te eches a morir; entonces, con el recuerdo y este final, por cada lágrima una sonrisa aparecerá, es cuestión de tiempo. No te olvides de buscar, no te olvides de aprender.

domingo, 22 de abril de 2012

Con el tiempo.


No sé si dormía o despertaba, pero dudaba como el sueño que se olvida; aquellas tardes de lluvia cuando escondías secretos en tu mirada. No me imaginaba en esta situación, pero ahora que llega es momento de aprender, de ponerle candado a las memorias que lastiman. Al final, de eso se trata vivir, de aprender luego de tanto sufrir; por eso guardo cada dolor en un cajón, para nunca olvidar lo que tanto costó.

Con los pensamientos confundidos me he dedicado a recitarle miedos al presente; tal vez se fue convirtiendo en la manera de ser fuerte, de descubrir los detalles. No he buscado, pero lo que encuentro se convierte en lección; es cuestión de tiempo. Por eso, con cada lágrima intento robar dos sonrisas que le den dulzura a tu circunstancia. 

Conforme pasan los días el dolor se convierte en razón, y de una forma u otra voy cosechando lo que nunca pensé. Con la idea clara de luchar por una causa perdida fue que lastimé el corazón; mi terquedad convertida en locura me fue carcomiendo día con día los sentidos. Pero ahora, con el tiempo, los sentimientos se van enfriando; ahora entiendo. Y duele abrir los ojos, descubrir la vida.

Sin estar conforme con la situación, voy acostumbrando de nuevo a mis emociones. Si pudiera escuchar lo que susurra el futuro, tal vez estos pasos serían distintos. Pero sigo, a pesar de los miedos y las dudas me hago cargo de mi vida, tomando decisiones que dibujan sonrisas. En esta noche entiendo las pistas de la felicidad, esta alegría que lleva tu nombre escrito en el viento.

Ahora me dedico a leer las palabras que le dan fuerza a mis latidos; como la magia de sus ojos cuando brillan por los míos. Igual que el pasado, el dolor es un reflejo de la circunstancia que tiene la habilidad de obviar el futuro; las dudas juegan a ser la neblina en tu vida, y los miedos, la ignorancia de lo que vales. Todo se define con el tiempo, con los días que apresuran tus pensamientos. Yo, por mi lado, me dedico a no ser juez, sino parte; una sonrisa en la tristeza, un beso en la nostalgia; lo que aprendes cuando caes.

Recuerdo que dormía, que  quería hacerle cosquillas al presente, encontrarle lo dulce a lo amargo. Pero dudaba, como el tiempo al dormir; y llovía, en silencio lloraba; y pensé en buscarte, sin ni siquiera conocerte. Me propuse aceptar, y de nuevo aprender. Sin pensar, solo dormir y olvidar, soñar para encontrar; en la tarde sufrir, y por la noche entender. Un momento para llorar; pero a la mañana reír, ser feliz sin dudar, tener esperanza, luchar.

domingo, 15 de abril de 2012

Te toca soñar. (La sexta)


Tantos días, y con la luna, llega esta noche, la última; la sexta. Vengo a escurrir lo que siento en palabras y con las estrellas de testigo voy a dejarte decidir en el silencio. Solo espero que mis besos sirvan de guía, de duda. Sé que tal vez es momento de olvidar y dejar todo esto atrás; por eso puse un "te quiero" en tu corazón, y escribí un "adiós" en mi recuerdo. 

Y me pierdo en tu nostalgia, en tu tristeza; incapaz de arrebatarte los miedos. Mis caricias se convierten en memorias, en desplantes de un pasado caprichoso, terco. Pero insisto, y quiero sanar tus heridas mientras lees, mientras te dedico estas noches, las seis. Las mismas en las que te he regalado una estrella distinta, un sueño que hace rima con tu sonrisa, con tu mirada.

Sólo espero que crezcas, que tengas presente que eres más fuerte que tus miedos. Es cuestión de tomarle el pulso a la vida; los errores son el alimento de tu consciencia; por eso cuando dudes, recuerda que es momento de escucharte, de leerle la boca a tu corazón. No te ancles a un pasado que lastima; el recuerdo de lo que alguna vez fue. La vida esta hecha de detalles, de momentos; expresa siempre una actitud positiva que le de color a tu sonrisa, a tu ánimo; si te ven fuerte, se van a cansar de atacarte. Disfruta cada instante de lo que tienes. No importa si es bueno o malo, a fin de cuentas todo tiende a sumar; lo bueno, para recordar; lo malo, para aprender.

Y lo sabes muy bien. Desde el principio fue mi intención. Una perspectiva distinta, un cambio de actitud. Mi idea fue hacerte feliz y escarbar hasta encontrar tu sonrisa. Por eso, cada beso llevaba un intento de hacerte reír, de que olvides tu circunstancia. Por eso te regalé aquella estrella, y la puse en estas cartas que te escribo; para que recuerdes, para que nunca olvides; para que cierres los ojos y te rías mientras piensas.

El tiempo ha pasado y llegamos a hoy; se cierra el hexágono. Es momento de pensar, de interiorizar cada pequeño detalle de lo que ha pasado. Espero que entiendas lo que calla tu razón, que escuches los latidos, el sonido de tu corazón. Con estas cartas no busco que aprendas, solo que tengas presente. Y cada trampa de amor se convierte ahora en el misterio de tu decisión. 

Mis palabras le marcan el paso a tus latidos, por eso quiero que con calma te escuches. Quiero ser de tu sonrisa la razón, de tu esperanza, la ilusión. Podría regalarte el cielo entero en forma de estribillo, un puente a tu felicidad; y poner una estrella en tu mesa de noche que te cuide para siempre. Y te doy mi cariño, mi cuidado, mi atención y mis palabras; te dedico lo que digo, lo que callo, lo que escribo y lo que siento; no busco otra cosa que ver tus ojos mientras brillan, y sentir tus labios con los míos mientras ríes. Ahora cierra los ojos, preciosa; yo ya te escribí, te toca soñar, te toca creer. 

domingo, 8 de abril de 2012

Que sueñes mientras escribo.


Una más, la quinta. Tomo tu mano y la llevo a mi pecho, quiero que sientas lo que siento. Empiezo a escribir, y a mi lado vas leyendo lo que redacto para ti, como tatuando en estas páginas un beso a tus labios; una forma sencilla de sorprenderte con detalles. En una mano la tinta, en la otra, tu mano; y con la ternura de tu piel me propongo enamorarte mientras escribo.

Una rosa que le da color a tus ojos; el brillo, en el atardecer tu descanso; y con el viento, la frescura de tus labios. Por eso pinto un cuadro con tus sueños más preciosos, usando los colores que opacan tu tristeza. Como enredaderas, estas líneas engañan a tus miedos, los confunden, para que sueñes un instante, para que escribas conmigo. 

Cuesta, los momentos se vuelven eternos, como tesoros del recuerdo. Y aparecí ahí, en medio de la nada, como las estrofas de un poema perdido, recogí con mis manos cada uno de tus besos y los dibujé en estos párrafos, en este rincón de mis secretos. Solo te espero, y mientras tanto te pienso; te sueño, y mientras tanto te escribo; me enamoro lentamente de tu mirada, de tu sonrisa. Sueltas mi mano, caminas mientras dudas, te alteras mientras piensas; sonríes mientras lloras.

Sé cómo termina esta historia, al fin de cuentas, yo la escribí. Bajo la misma luna, aquí donde me dediqué a ponerle tilde a tus caricias, intento que escuches los latidos de mi corazón haciendo rima con los tuyos. Te conté mi sueño, bajo las estrellas; te soñé mientras escribía y hoy escribo mientras soñamos. Son dos pasos, y esta decisión que marca los ritmos, con sentido; mis ideas se van perdiendo en tu mirada; es momento de robarte la tristeza, que sueñes mientras escribo.

Me levanto, y dejo de escribir. Busco bocetos que me hablen de ti; trato de leer tus labios en este silencio que lastima, buscando respuestas en los gestos que vas olvidando. Y, en medio de la confusión, das señales de querer, aún sin entender, solo intentar; una forma distinta de pensarme sin pensar. Me siento, tomo la tinta y el papel, y me pongo a traducir lo que siento, a descrifrarte, a perderme para encontrarte, una vez más.

Quiero escribirte una carta en el viento, un reflejo de lo que siento. Y con la luz en la mesa de noche hacerle sombra a tus miedos, taparle los ojos a tus dudas. Y te acompaño, como las otras noches, atrapando tus lágrimas cuando lloras o alborotando tus sonrisas cuando ríes. Por eso, antes que me olvides, quiero quedarme en tu memoria, quiero anclarme en tu recuerdo; por eso voy cosechando mis sentimientos en forma de cartas, voy guardando mis besos en las esquinas de tu corazón, para besarte con el tiempo, para que me leas en el viento. 

Una noche más, y te regalo aquella estrella fugaz, aquél sueño convertido en instante, en ilusión, que muere cuando nace. La idea clara de enamorarte, de que sueñes conmigo. Y escribo, como he escrito todas estas noches, para toparme con lo que sientes, para colarme en tus pensamientos. Como en un sueño, me he dedicado a coserte estas palabras en forma de ilusión; mi sentimiento enredado en tus emociones; solo queda esperar y seguir: escribir para soñar.

domingo, 1 de abril de 2012

Esta historia con detalles.



Busco descifrarte en lo que escribo, traducir sentimientos en estos párrafos que se despiertan con tu mirada, con tu sonrisa. Sigo soñando, imaginando que te enamoro lento, con paciencia. Por eso te regalo un secreto en el atardecer; un beso que te enamore, que te ponga a pensar. Y mientras duermes, yo escribo tus sueños; y al despertar atrapo tu sonrisa con el sol, el que calienta tus ganas de ser feliz, de caminar de la mano junto a mi. 

Te cambio tus miedos por mis sueños; quiero robarte las lágrimas y dibujarte una sonrisa por la noche que en la mañana se convierta en ilusión. Mientras te acuestas en mi pecho, voy a borrarte las preocupaciones; solo pretendo encontrar tu tranquilidad, traerla de vuelta. Y busco una sonrisa natural, una esperanza escondida, y de alguna forma convertirme en descanso, colarme en tu alegría.

Ahora escribo una historia con tus sueños, y voy demostrándole a tus labios lo que siento. No busco que olvides, ni que sanes, solo espero regalarte el deseo de ser feliz, un detalle que se convierta en caricia. Con tinta, con papel, igual que hace unas noches; quiero entender lo que callas y escucharte en los silencios; quiero que te encuentres en mis ojos, o en mi sonrisa enamorada.

Y no me canso de dedicarte estas noches, de pensarte mientras escribo. Solo espero que te sientes conmigo una de estas noches a cazar estrellas en el cielo y, de la mano, empezar de cero, soñar despiertos. Estas palabras solo intentan robarte un suspiro, un pensamiento que fue hace un tiempo vacío; las dedico a los recuerdos que vamos dejando, a este cuento que recito con detalles.

Escribo con el ritmo de tus latidos; sueño con la ternura de tus labios. Me dedico a lucharte en silencio, a convencer tus sentimientos. No guardo otra cosa que un puñado de ilusiones y estas palabras que escogí para tus ojos. En esta noche, la cuarta, escribo para soñarte de cerca, soñarte conmigo. Y justo antes del amanecer, encarcelo una estrella fugaz a tu mirada, para hacerte eterna en el instante, para escribirte sueños en el paisaje. Ahora duerme, preciosa, descansa tus miedos; voy a escribir sobre tus sueños y dedicarte esta noche con mis versos. 

domingo, 25 de marzo de 2012

Para que leas sin tristeza.


Escribo y sueño, por tercer vez. Es momento de sentir, de poner a tus pies mis emociones, mi forma más transparente de quererte, de cuidarte; esta es mi manera de dedicarte el paisaje, con palabras que hacen rima, sendero a tu corazón. Y puedo convertir tu miedo en poesía, y con delicados versos hacer que olvides cuánto duele. Quiero que leas sin tristeza, que sonrías con intención.

Todo cambia, el frío crece. Por eso abrazo tu nostalgia con el calor de mis besos, los que susurran estas cartas que te escribo por las noches, estos párrafos que mueren en tus ojos. Solo quiero cobijar tus sentimientos, pintarte una sonrisa en el viento, y que cada vez que la brisa fresca te acaricie, se te escape una risa inocente; un reflejo de alegría que se escurra en tu mirada.

Mientras una lágrima baja por tu mejilla voy sembrando besos en tu boca, voy perdiéndome en tu mirada; ahí, en el silencio de la tarde, voy a dedicarte mis sueños, a esconderte los miedos. Tal vez, conforme pasa la noche, vas a sentir ganas de acercarte, y decirme con ternura que te abrace, que te quiera. No importa si es tarde; será momento de perderme para encontrarte. 

Ahora te sientas a leer lo que escribo, a entender lo que siento; y, aún en medio de la confusión, se te escapa una sonrisa perdida, un suspiro que intriga. Este sueño en forma de cuento, esta historia que no encuentra destino. Yo, por mi parte, escribo mientras sueño que me quieres, soñando mientras escribo que te quiero. 

Una vez más, frente a estas ideas, voy dejando boronas de sentimientos, una forma de no perderme en el proceso. Solo quiero dedicarte estas palabras, empañar tu tristeza; confundir tus lágrimas con sonrisas. Será mi recuerdo en tu memoria. Un motivo del pasado. 

Me siento una vez más con la intención de empezar a escribir. Soñar. Y, tomados de la mano, te regalo la estrella que más brilla; escribo tu nombre en la arena. Solo espero una sonrisa de vuelta, una sonrisa con intención; quiero que leas, sin tristeza, ser tu camisa de fuerza, tu razón para seguir. Ser los párrafos de tu historia, ser la razón de tus risas. Y, algún día, tal vez, ser tu sueño; tus palabras. Un "te quiero" en tus pensamientos; el suspiro de tu ilusión. 

domingo, 18 de marzo de 2012

Para que sueñes conmigo.



Y lo hice. Me senté a escribir, y soñé en tus brazos; dormí. Y la tinta de repente se convirtió en un beso trazado con ternura, con franqueza. Ahí, entre tus labios, guardé un "te quiero" en forma de caricia, con cuidado, para que cada vez que leas, cada párrafo que siga, sea una sonrisa robada, un instante de ilusión; alegría. 

Escribí, y soñé con tu mirada. Quiero robarle al cielo dos estrellas que compitan con tus ojos, y, al final, recitarte un poema al oído; dedicarte la noche, el silencio. Poner trampas entre sílabas que hagan camino a tu corazón; ideas mezcladas con sentimientos; confundir tu miedo con la tranquilidad de un verso que rima. Y me vas a ver, escribiendo sin pensar, solo soñar; soñar sin parar.

Pero al despertar muere de locura el sentimiento; la mañana elimina el recuerdo. Vuelvo al inicio, y sin tener tiempo para reaccionar, me toca inventar nuevas formas de quedarme en tus pensamientos. Cierro los ojos, sueño, despierto y escribo. Y con el impulso de tu mirada pretendo enamorarte de nuevo, sin quejas, para verte reír, para hacerte feliz; imaginando a cada instante las mil formas de que te enamores de mi.  

Por tu sonrisa calcaría mi ilusión en la Luna, y cada noche, cuando busques nuestra estrella, te topes con una sorpresa que te motive; mi sueño escrito en piedra. Y en el canto de unas chicharras necias, en la belleza de un arcoíris, te guardo más que un beso: una historia que nunca olvides.

Quiero encontrarme en tus dudas, perderme en tu tristeza, sanar tus heridas; ponerte a soñar de nuevo. Tengo ilusión para tu felicidad; un par de besos para darte, una vida entera para escribirte y flores que regalarte.

Mientras la tarde se vuelva noche, me encontrarás aquí, escribiendo; suponiendo en estrofas. Y si quieres sentir lo que siento, aquí te dejo mis palabras. Con el tiempo significarán cosas distintas; si lees con cuidado, los detalles se asoman como un beso, a tu mejilla. Al final, solo escribo para que rías, para que sueñes conmigo. Con "nosotros".

Y no importa perder. Importa luchar. Por eso estas palabras no encuentran final, porque no dependen de un resultado. Solo busco acurrucar mi esperanza en tus regazos, y que sientas la diferencia en tu vida. Cuando todo termine, volver a ver para atrás sin importar lo que haya pasado, solo sonreír con la tranquilidad de haber luchado; soñar, y escribir sobre haberte enamorado.



domingo, 11 de marzo de 2012

Escribir y soñar.


Podría sentarme a escribir bajo la luna y con un clavel ponerle tildes a tus caricias; sería un buen momento para abrazarte, contra mi pecho, para que escucharas cómo corren mis latidos con tus besos. Hoy, bajo las estrellas, quiero contarte un sueño, escribirlo en tu corazón; quiero tatuarte una idea para que pierdas la razón. Con calma, de la mano, como recitando al viento un dictado de sonrisas, con esmero.

Podría ponerle tinta a mis sentimientos y convertir mis emociones en caricias; sería un buen momento para convencerte con secretos, para robarte los pensamientos. Y, a pesar de las circunstancias, juego a ser un respiro en tu tristeza, una idea confundida, ilusión. 

Ahora cobijo la esperanza con el recuerdo de tu mirada, de tus sonrisas. La ilusión, la que se escurre a cada instante, es mi escudo, mi fortaleza. Como tus manos, con las mías; como tu ternura, preciosa; sentirte, abrazarte; y saberte mía, sin complicaciones. 

Tinta y papel; tu recuerdo, convertir tus labios en poesía. Y con el cielo de testigo, dedicarte mi vida, robarte el miedo. Por cada herida, dos caricias y un beso; un suspiro y la promesa de un amor que no muere, que no falla. Una idea, mi forma de convencer a tus sentimientos; mi secreto para enamorarte con un destino distinto, un cambio. 

Luchar, no perder. Amarte sin pensar, sin entender. Solo vivir, y escribir un cuento de tus sueños, una historia con los míos. Tal vez pueda sentarme, en este momento, bajo la luna. Tomar la tinta, un papel, y escribirle rimas a tus labios. Intentaría enamorarte, convencerte; regalarte mi sueño, mi cariño; quizás podría abrazarte y decirte al oído lo que callo, lo que siento.

Podría sentarme aquí, afuera, esperarte. Olvidando el miedo de perder, de perderte. O simplemente escribir, dormir y soñar. Escribir, sobre todo soñar. Para amarte sin pensar, solo amar. Y soñar. Y escribirte, nunca dejar de escribir; nunca dejar de soñar. Tal vez, solo tal vez, amarte y escribir, y hacer mi sueño realidad.



domingo, 1 de enero de 2012

Conversar sobre el ayer.

Hoy, como en otras noches, me dedico a alinear ideas en el horizonte. Es un cuadro de pinceles claros donde le doy colores oscuros a la tristeza, la que embriaga. Y pinto, cual ladrón de ideas a un paisaje tranquilo, y convierto en palabras cada detalle, cada esquina sin sabor. De repente, el sudor se mezcla con sangre. Ahí, donde se esconden las ideas nuevas, puedes encontrar la frescura de la mañana, la que, en medio de esta encrucijada, se cuela como receta para el alma.

Harto de metáforas sin salida, cansado de palabras que se repiten. Ahora le tapo los oídos a mis emociones, y limpio de recuerdos mis sentimientos. Nuevas palabras por venir, nuevas ideas para escribir. Y me gustaría dedicarle unas rimas a un corazón triste, sacarle sonrisas a una mirada perdida; quisiera borrar del recuerdo una memoria amarga, y endulzar con mis palabras el paladar de tu circunstancia.

Pues siempre fue la idea, intentar apañar con mis labios los besos que vas dejando perdidos, las caricias que se duermen. Quiero llegar a cubrirte del frío, y que encuentres en mis manos el cariño que te prometo. Pero no puedo dejar de pensar en tu mirada, y sin la frescura del descanso, mis palabras pecan de nostalgia idiotizada. Ahora el destino come de mi mano, como el dueño de sus movimientos me dispongo a dormir la circunstancia, y ponerle atención a disparates que me atan.

Y se vale soñar despierto, se vale jurarle a lo eterno que le prometo lo imposible. Así, mientras me fallo a mi mismo, voy apuntando detalles de la vida para aprender a olvidar los vicios de las rimas. He puesto tantas trampas de amor, para intentar al menos llamar tu atención, que ahora justifico cada idea vencida con la ternura de estas palabras tranquilas. Es imposible mentirle a un corazón terco, que en su necedad se olvida de mantenerse cuerdo; por eso el bufón se dedica a reír, para calmar las lágrimas que intentan salir.

Toca refrescar ideas, renovar pensamientos. Es momento de detenernos por un momento para escuchar silencios, colorear emociones. Y de alguna manera quiero esconderte secretos, para que aprendas a conocerme. Pues entre verdades se escapan mentiras que distorsionan las perspectivas en circunstancias distintas; sin ser tan mezquino con la forma de recitar, solo pretendo que leas lo que deberías de olvidar.

Ahora todo vuelve a terminar, con el ánimo de algún día volver a empezar. No dejo lo que no puedo dejar, como las ideas que no quiero olvidar. Y, a pesar de que los días sin escribir se convierten en momentos que se borran, quiero abrirle un campo a mi locura para pensar mientras actúo. Hora de dormir una tristeza amarga, una palabra muda; es momento de soñar en el descanso, de justificar los motivos; y con una taza de café, la tarde fresca, el cielo azul, hoy me voy para volver, para conversar sobre el ayer; y si guardas con alegría estas palabras en el viento, la paciencia en silencio se resuelve con el tiempo.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Una sonrisa enamorada.

Tomas aire; yo agarro tu mano, buscando encontrar en tu delicadeza los sonidos que me despiertan. Duermo, y me pierdo en cada instante detrás de un sueño. Pensar que estoy despierto, que me cobijo con tu mirada; despertar con una lágrima y llorar con profunda tristeza. Muchas veces sentí que moría, y te perdía con el desconsuelo de olvidarte.

Mueve tus miedos con torpeza, con ganas de equivocarte, buscando lecciones que se ocultan, que se mezclan con locura. Nunca, en estos años de vida, pude ser capaz de consolar tu sonrisa, para que aprendieras a vivir con dolor, a sufrir con sonrisas. Y entonces, cada día te encuentro donde te pierdes, y te llevo palabras que hablan a tu corazón, como la caricia que nunca diste.

Pero muero, y despierto aturdido en medio de la nostalgia, queriendo ser compañero, queriendo descansar preocupaciones. Y me besas, con tus labios que hacen cosquillas y me desvelan una sonrisa. Apacible, austera, calmada, como tu voz por las mañanas, y ese olor de tu boca, ese olor que me enamora; quiero robar una estrella del cielo y ponerla a brillar en tu camino; quiero pintarte un cuadro con flores eternas, para que cada mañana refresques tus ojos.

Y aunque el tiempo pasa lento, como el viento al soplar, yo entiendo de argumentos válidos, y al menos intento enamorarte con estos versos. Por media hora a tu lado, soy capaz de venderle el cielo a la noche, para que la luna sea tu espejo, para que en el frío, mi abrazo sea tu cobijo. Duerme, para que te acurruques en mis regazos, duerme, para que sueñes con certeza. Por cada meta, una intención que muerde tus entrañas, que te pellizca por las mañanas.

Yo no soy más que párrafos en desorden, pensamientos compartidos. Lo que todos sentimos.  Es momento de actuar, dejar las palabras a un lado y olvidar las metáforas. Tal vez duela, y con lágrimas recuerdes el pasado. Aquellos días de magia, de soñar despiertos; de construir castillos en el aire. Hoy nada existe, solo memorias. Por eso quiero que tomes mis manos y te acerques. Quiero que entiendas lo que significas. Por cada beso, un sueño se acerca; y con tu sonrisa, ilusión. Duerme, y sueña. Cobijate con mi mirada...y si lloras con tristeza, tengo para ti una sonrisa enamorada.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Convertir tus labios en un verso.


Voy dedicándole tiempo a coser tus sueños con los míos, como las tardes que soñábamos en el viento y compartíamos el futuro en palabras añejas, vencidas, tal vez un poco abstractas y con criterios desprevenidos. Sin pensarlo tanto, solo queriéndote sin exigencias, con ternura. Esperando nada a cambio de tus besos, solo dos palabras que calmaran mis miedos; tus silencios nerviosos y tu sonrisa que dudaba mientras aprendías a querer.

Fui conociéndome en tus ojos; tu mirada contaba secretos sostenidos, notas claras, evidentes, que se pierden en el dulce de sus intenciones. Por momentos, pensaba en convertir tus labios en un verso y, tal vez, sacudirme el corazón de sentimientos, para que leas y entiendas que lo que siento por ti no se explica con motivos, sino con palabras que se demuestran, que se confunden en el sonido de un susurro al dormir.

Y muero cada vez que olvidas, que dudas, que lloras y te duele. Pero en el camino de este sendero, mientras tomo tu mano y camino sin dudar, voy haciéndole promesas a tus mentiras, y de alguna manera me comprometo a hacerte sonreír por las mañanas y cuidarte por las noches; solo para que mis motivos sean más que tus miedos, solo para que algún día encuentres entre mis palabras las pistas de este amor que nace, que cautiva.

Como en aquellas tardes de conversaciones, cuando decías con nostalgia que te dolía, hoy son palabras que te acarician y me convierto en tu alegría repentina. Y me dedico a coser sueños, a sanar heridas; a pretender regalarte ilusiones por medio de ideas, que de alguna forma se conviertan en un abrazo, una esperanza. Puede que duela, que lastime; a veces entender un significado se resuelve con paciencia, con tiempo. 

Y, sin ser pretencioso, me arriesgo a escribirte un futuro posible; doy pinceladas a ese cuadro mientras le recito cartas a tus besos; puedo confundir tus sentimientos, mezclar tristeza con sonrisas, esconder en tus besos mi alegría; puedo terminar este cuento en un párrafo o simplemente nunca dejar de escribir sobre tu mirada. Pero poco a poco voy redactando líneas enteras, rimas sin fundamento; solo con una intensión clara, una intención evidente...robarte los miedos, esconderte las lágrimas; disfrutar tus besos y calcar sonrisas en tus labios.

Pero con la experiencia que deja la amargura en el paladar, con la cobardía de tenerle miedo a la felicidad, hoy solo le escribo a tus ojos, para que escuches una vez más. De todos modos, las casualidades son parte de la historia, y yo busco cómo enamorarte con sorpresas; un silencio que guarda tu boca es mi motivo para hacerte reír, para que sueñes conmigo. Pueden ser palabras añejas, como aquellas tardes donde soñábamos en el viento; pero hoy quiero dedicarle tiempo a coser sueños, los tuyos con los míos. 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Te pido.

Duerme una sonrisa en cada lágrima que encarcelas, como celando con certeza tus emociones. Tomas un café con la tristeza, escuchas recitar poemas a la melancolía.  Pero duele, y lastima esa sensación de impotencia. Quiero ser un respiro en el ahogo y convertir estas palabras en un abrazo; quiero dibujar una sonrisa que te ilusione, un momento de perder la memoria; escuchar con atención la delicadeza de una brisa al soplar.

Por eso pongo al viento a susurrarte al oído cada detalle que muere, que queda en el olvido. Mientras tanto, escondo en una mano tus miedos y confundo con sílabas a tus lágrimas; solo quiero darte un instante de consuelo, un segundo de alegría. Escribir en las nubes que no mueres en silencio, que no mueres escondido. Solo pretendo que escuches, que pongas a dormir tu tristeza; quiero despertar un motivo que se disfrace de fuerza.

Tal vez he perdido la noción de las palabras. Poco a poco voy olvidando la musicalidad en lo que escribo. Ahora todo se muestra tambaleante, sin sentido, injusto y hasta un poco cortante. Las ideas que hace un tiempo se confundían en un sueño, hoy son parte de este cuadro sin colores; un sendero sin camino. Pero escribo, sin cansarme, porque hasta cierto punto es lo único que sé hacer. La única manera de comunicar en pocos minutos las cosas que siento, que voy aprendiendo en el camino.

Seguramente, con el paso de los años, llegará el momento donde cada noche sueñe en blanco, perdiendo la cordura y alimentando mis días con la tortura de perderme, de dejar a un lado mi pasado y sobrevivir a pesar de la tristeza. Puede que el cuerpo me pese, y las arrugas me compliquen la vista; tal vez olvide detalles y hasta me cueste escuchar al que me habla. Y, de todas formas, para allá vamos todos. Con el mismo lineamiento, mismo principio, mismo final; como cuentos carentes de creatividad, como una crisis de la existencia. Luchar para morir, sobrevivir para luchar; morir en la lucha y mezclar con lagrimas, felicidad.

Y por eso te entiendo. Por eso tiene sentido lo que dices, lo que sientes, lo que escribes; incluso lo que callas, pero es fácil de leer en tu mirada, tus ojos tristes, tus palabras sin tono. Mueres en la melancolía, en el pasado; mueres sin abrir los ojos, sin sentirte vivo. Porque has luchado para sobrevivir; ahora sientes que mueres en la lucha. Pero tengo fuerzas para compartir, tengo ilusiones que regalar; tengo enseñanzas y tengo preguntas. Tengo tantas cosas que aprender todavía. Cosas que necesito escuchar, lineamientos que quiero seguir.

Por eso te pido que no mueras en vida, ni mueras para partir. Te pido que luches en vida, que luches por mi.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Por eso escribo.


Si pudiera, dibujaría una sonrisa en tus labios, le robaría el brillo a una estrella. Coquetearía un rato con tus sueños y, en cuestión de segundos, los haría realidad. Quisiera tener una caja pequeña, y ahí, en un rincón, poder esconder tus miedos y dejar perdida tu tristeza. Quiero diseñar una idea que se confunda con tu alegría, y, tomados de la mano, escribirle un cuento a la vida, palabras y melancolía; una rima triste que se endulza con tu ternura, con tu mirada.

Alimento mis fuerzas con tus labios, y en cada beso coloreo una sonrisa. El silencio de una tarde sin viento se cobija con los recuerdos que vas dejando, como conquistando con ingenuidad y dejando pistas para volver. Por eso me pierdo en tus brazos, sin importar ser impreciso; con cada día, la ironía de la vida me ha enseñado a ser un poco más niño; y en cada instante, en cada momento, vivo calcando recuerdos, dibujando memorias; un intento de no olvidar, de aprender, de calcular en cada momento las trampas del ayer.

Por eso escribo, para soñar, y redacto historias en el mismo lugar. Entre palabras voy dejando pistas para volver; escribo en el viento para olvidar o en una piedra para recordar. Escribo, como tarareando canciones sin letra. Y a cada sueño le hago un poema, buscando rimar alegrías con tristezas; robarte un impulso, una sonrisa; hacer un camino entre estrofas que me lleven a enamorarte, a hacerte mía.

Por eso le robo brillo a las estrellas y hago escaleras de mis abrazos, para que alcances tus sueños, y, si caes, apañarte con mis manos. Escribo para que nunca dudes, pues si algún día falto, estas palabras se quedan, se anclan en tu memoria. Y por las noches te haré cosquillas mientras lloras, te enseñaré las opciones que olvidas; y por las mañanas, escribiré una vez más, mientras duermes; con la inspiración de tus sueños; para que nunca olvides que a pesar del dolor la alegría siempre es opción. Hoy, quiero tener una caja, pequeña; un rincón vacío, para que escondas tus miedos; un lugar que no recuerdes, para que dejes perdida la tristeza; y así, de alguna forma, cuidar tu alegría y, por supuesto, escribir para que sueñes.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Un instante que no encuentra final.


Pierdo en un reflejo por la mañana la imagen de la realidad, la que se oculta. En cada instante del camino, en cada mirada por la ventana, todo se muestra distinto, sin alma. Hay gritos que ensordecen, pero nadie escucha; hay lágrimas que ahogan, pero a nadie enternecen. Se vuelve amargo vivir sabiendo que muchos olvidan que hay un mundo distinto en donde no existe igualdad. Pero nos venden mentiras que compramos sin rebajas; no es momento para dejarnos olvidar, es momento para comenzar a actuar.

Muchas tardes repasé, en silencio, ideas de mi mente. Eran intentos, distintas maneras de acaparar mis sentidos. Incluso, intenté aprenderme de memoria recetas de la vida, para sentirme listo, preparado. Hoy, en cada segundo, mucha gente muere de hambre, de tristeza. Un sistema difícil, que absorbe y carcome a quienes menos pueden. Por eso decidí caminar y abrir los ojos una vez más.

Dejar en esta tarde la mirada eterna en el paisaje, escuchando por instantes la imprecisión del silencio, el mismo viento que juega a refrescar pensamientos. Como los árboles, escondidos para ser vistos, como la bulla, la que se muestra para ser obviada. Al final, con cada paso se desvela la realidad, la que se maquilla con pinceladas de ironía. Un retrato amargo que no vende felicidad, un grito desesperado que llora en silencio, con intensidad.

Poco a poco se le va perdiendo el ritmo a la razón, y se siente en el corazón el desgarro de una verdad que grita por ser recordada, que carcome los sentidos. La misma que arrebata lágrimas por las noches, cuando el frío encuentra un rincón en las sabanas, revelando la crudeza de un sistema social que olvida al que no debe; que golpea al que no lo merece.

El paisaje se torna gris, se alimenta de inseguridad. El destello de la naturaleza, ese recuerdo para olvidar, donde se pierde la simetría en lo natural, la perfección del aire al respirar. La seguridad se borra con la mirada que destroza diferencias; que no entiende de justicia. Como un despecho de la socidad, demostrando en cada paso la nostalgia de la verdad. Y se convierte todo en un cuadro pintado de colores fríos, de miradas vacías; de desordenes y olvidos, el susurro desesperado de una circunstancia, de un instante que no encuentra final.

Ahora, en silencio, cada esquina del cuadro se borra con tristeza. Es una imagen que impacta, que lastima. La realidad de muchos que importa a pocos. El escondite de la mentira, una nostalgia que llora vergüenza, antipatía. Una señal para volver los ojos y ver a donde no queremos ver. Una puerta para ayudar, para borrar tristezas, lágrimas. Una manera de presionar, y que esa circunstancia encuentre su final.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Para que empieces a soñar.


Solo acuéstate, cierra los ojos. Busca en cada rincón de tus sentimientos esa idea que persiste, el motivo que alimenta; y en la esquina de tus sonrisas, piérdete en tu tranquilidad, en tu misterio. Quiero convencer a tus sentimientos y robarle un suspiro a tus pulmones. Una vez, y hasta dos; repetiría en susurro cada palabra a tu corazón. Para que escuches, y de una vez por todas comiences a soñar, a vivir.

No hace falta mentir; las delicias de esta vida se saborean al sufrir. Y por más que lo leas no lo entenderás. Llegarán momentos donde limpiarás la tristeza con tus lágrimas, como una forma de escurrir el dolor; y con un beso o una caricia comprometerás tu alegría a la magia, en un instante repentino, que se encadena a tu mirada; esas ganas de sonreír, esa terquedad de la felicidad por abrazarte. Y justo cuando se mojan tus ojos, logro robarte aquél suspiro; una forma de apañar en mis manos la sonrisa que muere.

Caminas pensando, sobra la línea del tren. La misma tarde, el mismo camino. Y en lo que callas escondes tus miedos. A lo lejos se nota que viene, y la lluvia se convierte en la ironía de tu tristeza; como el sarcasmo del dolor. Lo escuchas venir, y los latidos del corazón hacen rima con el viento, la brisa fresca que acaricia tus silencios. Es momento de dudar, de cuestionar cada pequeño detalle de la vida; es momento de perder la razón y actuar con locura, con pasión; quiero que leas en voz alta, quiero convencer a tus sentimientos.

No te permitas olvidar. Yo escribo para que interiorices. Y sin pensarlo dos veces, me convierto en el abrazo que te falta, en el beso que te da fuerza. Quiero que caigas en la trampa de estas palabras, y que con una sonrisa colándose en tus labios, recuerdes que los momentos suelen ser inexactos; y aún en la injusticia puedes sacarle provecho a la experiencia. Quiero robarle ese suspiro a tus pulmones y dibujar tu sonrisa en el viento. Quiero respirar tu alegría y saber que eres libre en el intento.

Sólo acuéstate, cierra los ojos. Y ahí, donde la idea persiste, piérdete en la tranquilidad, para que de una vez por todas empieces a soñar. Cierra los ojos. Lee en voz alta. No te permitas olvidar. Al final de este cuento todo consiste en interiorizar, en aprender que la nostalgia sabe mejor en compañía, y que la tristeza es el drenaje del dolor. Ahora dibujo tu sonrisa, en el viento, y encadeno tu alegría a lo incierto, para que juegues a ser feliz aún en tus miedos. Y quizás, una tarde de lluvia, una tarde dispersa, me veas con alegría, como tu camisa de fuerza; entonces poder secar tus lágrimas, besar tus labios; y sentirte completa acurrucada en mis regazos.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Vuelve.


Como una rima de tus ojos y las estrellas, le escribo una carta a la memoria; aquellos momentos. Para recordar el sabor de tus besos y la ternura de tus labios. Vuelve, como el frío por las noches. Vuelve y juega a ser preciso, cauteloso. Sin engaños, solo destellos; la Luna en el cielo y el descanso en la noche. Y apoyo mi cabeza en tus silencios, para escuchar lo que callas; una manera de amarte, una forma distinta de adorarte. Juego en tus ojos a ser invisible para el dolor, un abrazo, dos besos; un adiós.

Vuelve. Y con su ternura, el descaro. La misma maña de golpear, el mismo intento de pintar sin siquiera saber colorear. El sonido que se resquebraja en la silueta del atardecer, mientras se rompe en pedazos el corazón, la cordura. Recuerdo; ahora vuelve. Con lágrimas y heridas. Austera, calmada; calculadora; con mirada fija, tentadora. Una mala jugada, dos segundos insensatos; la cruel encrucijada, el arrebato perdido con la mentira que calla. En silencio. En vacío.

Y no entiendes nada. Pretensiones, minutos de magia. Mientras llueve, olvido aquello, lo que duele. En cada gota, una lágrima que escurro entre sílabas. Duermo acurrucado en su sonrisa, tierno abrazo, una caricia. Para intentar arrebatar una sonrisa, para sanar tu herida y robarle al cielo una estrella. Solo quiero iluminar tu noche, para que en la oscuridad no olvides tus sueños, y con el brillo del cielo, la simpleza de un detalle, puedas canjear el miedo por ideales. Así, con cada intención le escribes versos al poema, una rima que te invita a ser feliz en la tristeza.

Sí. Vuelve. Con su mirada, con su sonrisa. Por eso me dedico a guardar silencios, a cosechar verdades. Y vivo soñando, para dormir la realidad. Pues lo que hoy es mañana, para mañana es el ayer. Si lo logras, cosecha entre párrafos un susurro que enfrenta, como la terquedad en tu razón. Sueña sin soñar viviendo despierto, quiero que vivas mientras sueñas para que te duela menos. Sueña por soñar, sabiendo que en el sueño descansarás. Sueña para aprender, y al despertar, cada lección un nuevo sueño te dará. Cumple ese sueño, el que sueñas al despertar, y duerme tus miedos para soñar tu realidad.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Una sonrisa en tu mirada.


Con cada palabra escurres tu tristeza. Recuerdo que soñabas, que convertías pinceladas en sonrisas; recuerdo cuando crecías, y diseñabas sentimientos con caricias. Como la magia que nace en tu mirada, logras calcar intentos con esperanzas. Y ahora recito tus pasos, convirtiendo tu mundo en una rima, en una estrofa que camina a tu corazón. Sin perderme, sigo el sendero de tus labios, para llegar a la dulzura de tu cuerpo, y ahí, solos los dos, borrarle las huellas al dolor, a la tristeza.

Pero cambia. La circunstancia lastima. Aún buscando la paciencia, me dejo llevar por la agonía. Solo para probar. Solo para probarme. Una forma de conocerme, una prueba para superarme. Porque juego a estar perdido, para encontrar lo que perdí; porque me acerco a mis miedos, para aprender con la precisión del dolor, de la amargura. Y ahí, abajo, solo queda subir, crecer. De la misma forma que nace la nostalgia en una tarde lluviosa, hoy le suelto amarras a una lágrima sinuosa, terca.

Y cuentas. Cuentas dos veces, en silencio y con la calma que presta un suspiro. Y entonces buscas la lágrima que detiene tus latidos, tan terca. Solo lloras. Como escribiéndole una carta a la tristeza, como intentando aprender a la primera. Te desesperas. Corres para alcanzar la cordura, la razón. Te escondes, y juegas a ser invisible en tu circunstancia. Pero fallas. Te equivocas y repites tus ideas en la mente, repasando los dictados, los apuntes en tu mente. Duele.

Duele, y miras tus manos sucias, cansadas. Cierras los ojos y amarras tus pensamientos, tratando de encarcelar un sentimiento que trata de colarse en tu tristeza. Una simple idea vacía o la ironía del instante perdido. Pero cuesta aceptarlo, y en la enredadera de tu mente olvidas un detalle. Y aprovechas un descuido de la vida, un silencio con forma de esperanza, para abrazar una sonrisa en tus labios y acariciar la ternura de sus ojos.

Son esos instantes de carcajadas, oportunidades descobijando lástimas. Me quedo inmóvil, pretendiendo que no me vean. Y muevo mis manos, escribiendo en el aire un cuento, un poema en forma de verso; y trato en una rima de responder la pregunta que insiste, que golpea. Terca y necia, como aquella lágrima que le corta el ritmo a mis latidos; un poco de constancia mezclada con la torpeza del momento, dos segundos de descuido y lo irónico con lo perverso; me olvido del detalle, la pregunta con su respuesta, y obviando la importancia, me pierdo en la incoherencia. Cuento dos veces, en silencio, buscando esa lágrima terca; cuento dos veces y escribo una carta, con la calma que presta un suspiro.

Sueñas. Duermes. Como hace un tiempo, cuando soñabas, cuando convertías pinceladas en sonrisas. Aquél cuadro que dibujaste, el retrato del presente. Del pasado. Una imagen en colores, palabras que se juntan para darle forma a tus emociones. No logras esconder entre líneas lo que sientes. Leo. Recuerdo mientras escribo. Y me aferro a aquellos ojos, aquella sonrisa. Sin soltar mis promesas, sin olvidar cada paso. Pongo a dormir tus ojos tristes, tu mirada cansada. Y con un abrazo, o una caricia, intento que rediseñes actitudes, pensamientos; intento que sueñes...que calques una sonrisa en tu mirada.

domingo, 30 de octubre de 2011

Colarme en tu tristeza.


Con palabras y en secreto, pienso en alguna forma de limpiar tus lágrimas. Más que un hombro, te doy mis brazos enteros, para que en la tristeza tengas dónde apoyarte. Y si la vida parece desquitarse contigo, tengo palabras para que escuches, tengo lo que olvidas cuando duele, cuando no entiendes lo que sucede. Tengo silencio, tengo un abrazo; y escribo para que leas, para que calmes tus miedos. Y en la capacidad de una mirada fija, transparente; un futuro que no se borra con la suerte, está impregnada una enseñanza permanente, una meta; una promesa.

Quiero llegar al fondo de tu preocupación y arrancar con la fuerza de este párrafo cada uno de tus miedos. Pero cuesta, y levantarse se convierte en una prueba, un examen a tu corazón, a tus convicciones. Es este el preciso momento de tu vida en el que aprovechas para recordar, para interiorizar cada pequeño detalle; es el momento para engrasar la rigidez de tus límites y convertir tus lágrimas en fortaleza. Al final, cuando todo haya pasado, ver para atrás será saborear tus logros con mayor detalle, con mayor frescura.

Es momento de desempolvar tus ideas. Cierra tus ojos en frente de un espejo, para que no veas con el prejuicio de la circunstancia, y en las oscuridad imagina el reflejo de tus ojos, en cada brillo se cuela un impulso de sonrisa, de carcajada; ahí, en ese instante, limpia la lágrima que cae por tu mejilla, y con la más grande de las convicciones sonríe, y con el permiso de tu tristeza, convierte tu alegría en certeza, para esquivar heridas y dormir vacíos. Hoy, y en tus circunstancia, saca la mejor parte de ti, cosecha el sentimiento de orgullo y lo completas con cada meta, en corto plazo, y lejos en el horizonte, para que poco a poco se llene con instantes mágicos, con carcajadas aleatorias. Ánimo, que la mejor parte de tu vida juega a las escondidas; una manera diferente de que valores tus conquistas.

Y no pretendo provocar tu sonrisa ni colarme en tu tristeza. Intento que coseches recuerdos, que re-elabores tus sueños. Porque las metas no se han perdido, simplemente se han movido en el tiempo. Es la fortuna, la fortaleza del que rompe la rutina; una forma de dejar intactos los motivos y con el pasado construir un escudo de aprendizaje que te haga crecer, comprender que en los malos momentos surge la mejor parte de nosotros. Simple actitud, tener el convencimiento de que a la vida le marcamos los tiempos, porque siempre, a pesar de los golpes, puedes encontrar fuerza para seguir en la simpleza de un paisaje o en el olor a café por la mañana.

domingo, 23 de octubre de 2011

Como una ventana, aquella posibilidad.


Como la lluvia, que acaricia tus labios, y con esa forma tan única de arrebatarte suspiros. Quiero acurrucar mis sentidos, descansar mi fuerza en tus manos, y sentir en tus dedos la inspiración que me llena, que me motiva; luego pintar, y dibujar en el viento tus ojos, la belleza perfecta de tu mirada, y en los detalles esconderle lágrimas a tus sonrisas, para que con la mañana, el sol, sientas en tu vida un abrazo que calma, una forma distinta de cobijar tus miedos.

Con cada día una nueva respuesta, una pregunta que muere. Y siento que ahora todo tiene forma, cada pieza perdida, cada retrato de tristeza. Por eso me la vivo guardando recuerdos en mi memoria, para nunca olvidar lo que costó tenerte, lo que disfruto abrazarte, lo que lucho por amarrar tus labios a los míos. Quiero llegar en silencio a tu corazón, y hacerle cosquillas a tu dolor, para que sonrías con sentimiento, con emoción.

Pero jamás olvidar, dejar de sentir; jamás intentar alejarme de ti. Como una receta de amor, la manera perfecta de colarme en tus pensamientos y que recuerdes con alegría los momentos que pasan, que vivimos. Como tus manos con las mías, como tus labios y los míos. Y cada carta que te escribo camuflando un destino, con las palabras que buscan abrazarte en el frío. Donde escurro con tinta, en papel, estrofas que tienen la forma de tu sonrisa.

Por eso defino caminos, diseño senderos que se conviertan en un rompecabezas, una forma diferente de enamorarte, de que me acompañes en la vida. Para que cada día algo diferente alimente lo que nace, lo que vivimos; asesinando rutinas, desperdicios, vacíos y silencios; para hacer eficiente los segundos, y en cada beso exprimir un poquito de felicidad, y en tu mirada esconderle a mis labios la forma de reír, de ser feliz. Como un papel cuadriculado, marcando con tinta recuadros, trampas, verdades maquilladas; y esconder dos palabras al final del camino, que te hagan entender lo que siento contigo.

La verdad, estas palabras pretenden colorear la realidad. Tal vez te encuentres en alguna frase, puede que recuerdes momentos pasados, sentimientos que se drenan en la memoria. Quizás es una manera de disfrutar, de leer para nunca olvidar. Una forma distinta de que escuches lo que siento, o lo que me haces sentir. Como una ventana, una posibilidad.

Son dos trampas, un secreto, tu sonrisa y mis labios; tus manos, la delicadeza de un beso y el olor en tu cuerpo. Confundo, como enredo, entre líneas recito, guardo en el final la respuesta, con un silencio en las cortinas. Busca lo que encuentras para que no pierdas lo que buscaste; por eso cuida lo que encuentras para buscar lo que perdiste. No sueltes por torpezas lo que encuentras al buscar, y de esa forma buscaras sin torpezas para encontrarte al final.

domingo, 16 de octubre de 2011

Magia en el desierto.

La silueta perfecta, el descanso intenso de la mirada fija, austera; el sonido, la música que despierta recuerdos, formas poco claras de llegar al corazón, de abrazar de distintas formas la idea de que vivir es cuestión de luchar, sin poder leer entre líneas el secreto que marca los tiempos de la soberbia, la arrogancia. Una forma de tachar las palabras escritas, de borrar sentimientos vencidos; tal vez, un camino que encuentra su destino en cada página, en cada cuento que escribo.

Poco a poco he ido calcando sonrisas, imitando sentimientos; las emociones, las que nacen ahí adentro, se convidan conmigo para hablarte al oído, recordarte entre rimas que son los silencios los que le dan vida a la bulla, al escándalo de una carcajada; y que cada lágrima guarda en sus propiedades la receta mágica para disfrutar el placer de vivir, pues cada error en esta vida se convierte en una forma de aprender, corregir con tinta blanca las mentiras que quisiste creer, las mismas que te hicieron caer.

Y nadie se salva de la desconfianza, como devorando a cada instante las promesas del amor; como esquivando con risa sarcástica la consecuencia de cada acto, pretendiendo poder obviar que la vida se devuelve, que la vida pasa páginas pero nunca olvida, y cada movimiento que tenga en su estrategia la respuesta con dolor de una persona sin vela, queda marcado en el retrovisor de la ironía, para convertirse más temprano que tarde en la realidad del que lastima.

Con los días aprenderás, y vivir se convertirá en un proceso para mejorar, para cuidar; recapacitar cada pequeño detalle del mosaico, de la gran imagen; y salirnos del pensamiento cuadrado para al menos cosechar lecciones, embargar a la tristeza con un cuaderno de ilusiones. Al final, todo se trata de cumplir los sueños, de hacer magia en el desierto; de sonreír en el dolor y levantarse del barro; de cosechar sonrisas y regalar besos; de capturar en una fotografía la simpleza de los detalles, el deseo casi automático de ser felices en la tristeza.

Ahora, cuando menos lo piensas, entra la memoria en el desván de tu presente, esperando para ser usada, evitando ser olvidada. Pues cada herida del pasado se cura con la enseñanza que le damos; de esa forma, sufrir es simplemente un paso del proceso, un momento oportuno, pues del dolor nace la llave para reír, para poder de alguna forma, vivir. Y así, entender en cuestión de segundos, que ser una buena persona representa el sueño por el que luchamos, la alegría que se importa de los momentos incómodos, cuando el corazón se desgarra en memorias.

Cierra los ojos, sonríe. Permítete soñar con soltura, con grandeza. Demuestrate que la capacidad de ser feliz se combina con los reflejos del pasado, y que la forma más perfecta de sonreír, es poniéndole trampas a la tristeza. Un detalle, una simple forma de leer la vida, de cosechar sonrisas. La inmensa conquista de cumplir el sueño de tu corazón; por eso, de cada lágrima que dejes salir, de cada herida que te marque y cada silencio que olvides, aprende a tomar apuntes, de marcar los tiempos. Al final, todo se trata de cumplir los sueños...de hacer magia en el desierto.

domingo, 9 de octubre de 2011

Aroma de café.


Una tarde de Noviembre, un momento cualquiera. Las lágrimas en la mesa de noche hacían del silencio un vacío repentino. Llovía, y con el viento, la tristeza parecía colarse entre las sábanas. Yo, sostenía un vaso con agua, fría, como tu piel, como tu mirada. Con la nostalgia de quien pierde lo que quiere, de quien cae en el intento; sentir sobre sus hombros el peso de la desgracia, la injusticia.

Y te vi sufrir. Con cada suspiro le robabas vida al viento; una fortaleza vencida, un desgarro marcado, una herida imborrable y el reflejo de dolor en tu mejilla. Tus ojos mojados, tu tristeza palpable; y el ruido de tu corazón ensordecía el cuarto, como queriendo salir, como queriendo hablar; podía sentirte viva, tan despedazada y adolorida; tan cansada. Luego de tantos golpes, la vida se convertía en una cuesta empinada, un sacrificio sin sentido.

Yo, sosteniendo aquel vaso con agua, te miraba, fijamente, con impotencia de no poder limpiar tus lágrimas, de verte golpeada, de ver como borrabas tus sueños con palabras, con gestos; incluso pensamientos, ideas poco claras que se quedan en aquella tarde de Noviembre, cuando todo cambió, cuando un poco de ti murió. Y pude escuchar, pude oler; como descubriendo secretos en el ayer.

Un aroma de café, el descanso de la eternidad, un simple olvido del destino y poner a jugar a la suerte. Un sonrisa que se recuerda, palabras formando oraciones: arquitecto de ilusiones. Como la flor que pinta un cuadro, como el sol que enciende las mañanas; como el viento buscando bailar con las hojas secas. Aroma de café, tierno y constante; efímero e incongruente; dulce y tan amargo. Aroma de café, de aquellas tardes de compartir, de reír; de aprender a vivir.

Una taza, caliente, y aroma de café. Un abrazo al frío de tus manos, a la sequedad de tu cuerpo. Un olor de memorias, de recuerdos. Un colador de ilusiones que sea capaz de cambiar tus emociones. Un simple aroma, y yo, sosteniendo aquél vaso con agua, buscaba un atajo a tu sonrisa, una manera de que sintieras brisa en el encierro de tu mente, en la agonía del presente. Por eso tuve la idea de que recordaras, de que sonrieras.

Y con un recuerdo, limpiar tus lágrimas, borrar tu tristeza. Con el café, ese aroma que te enamora, que te hace soñar. Como aquella tarde cuando aprendiste a caminar, y seguías mis manos en el aire, como pretendiendo alcanzar tus metas; como cuando empezaste a hablar, como cuando te caíste y te volviste a levantar. Como tantas mañanas cuando conversamos en la terraza, y tus ojos, delicados y preciosos, me recordaban cada una de mis razones de vivir.

La misma taza de café que tomamos tantas veces y en tantos momentos. Desde niña hasta mujer; y en cada momento compartimos sonrisas y palabras; memorias que se anclan al recuerdo, a tu memoria, y ahora que sufres, ahora que lloras, ahora que el mundo se te complica, busco atrapar una sonrisa en tus labios, la alegría que mereces y por la que has luchado. Una taza de café que caliente tu corazón; y el aroma...el mismo que te llena de ilusión, que te motiva a soñar, a luchar; y seguir a pesar de fallar.

domingo, 2 de octubre de 2011

Una forma de cambiar tu vida.


Ahora desangro tu dolor. Y descalzo camino hacia tus sueños para desnudar tus heridas, sanar tus dolores. Un simple impulso que motive, un cambio de dirección. Una nueva forma de ver la vida y la convicción de luchar hasta el final. Poner tu corazón a latir, a llorar, sudando al lado de una estrella fugaz; efímera y completa, intentando secar la tristeza. Ahora calmo tu respiración con estas palabras, y pongo trampas de amor en cada punto. Puedes aprender a jugar, y sonreír con el dulce placer de llorar.

No puedo remendar los recuerdos que te lastiman. Pero hacerte ver el mundo desde otra perspectiva sería mi manera de quererte. Al final, los momentos son solo momentos. Una sonrisa pone a brillar un corazón sensible, abierto, y la ternura de tu voz le marca el ritmo a mi respiración. Por eso, cada herida se convierte en tu premio, en el reconocimiento de la vida por superar tus miedos; así, regalar sueños se convierte en la constante de una ecuación con dos variables: tu y yo.

Idealista. Y con un puñado de sentimientos limpio la tristeza de tus ojos. Con la simple idea clara y sencilla de anticipar los movimientos, las ideas, los pensamientos. Atacar cada instante la tristeza con la actitud positiva que escondes por miedo. Son los detalles más absurdos los que logran desamarrar tu alegría, el brillo de tus ojos; y con las lágrimas limpiando tus mejillas, te regalo un beso que te haga cosquillas, que te arrebate sonrisas.

Soñador. Y con un susurro en la noche pondré mi suerte en tus manos. Te regalaré mi pasado y mi presente, dispuesto a compartir contigo mi futuro. Caminar de la mano, que seas parte de mis triunfos, y en cada fracaso, dejar escurrir el dolor en cada uno de tus besos. Y me permito soñar, idealizar. Cosas que hemos dejado ir, hemos empezado a olvidar.

Y ahora recito mis pensamientos, y voy dibujando una sonrisa en tus labios. Un beso que se roba, que no se piensa ni se cobra. Y tus labios, tan delicados, juegan a ser uno con los míos. Una manera casi perfecta de poner hablar dos corazones extraños. Como una canción para dormir, porque es en sueños donde me recuesto en tu mirada, y tus ojos, una puerta más a amarte con soltura, con la naturalidad de sentirte mía desde siempre, de tu sueño, de nuestro sueño.

Con estas palabras trazo líneas rectas que buscan un camino a tu vida. Una forma de toparme con mi felicidad, con tu alegría; de confundir tus besos con mis sonrisas. De saborear por las noches, tus caricias, y cada mañana, al despertar, escuchar tus latidos mientras duermes. Poder soñar despierto, poder pensar en ilusiones; poder planear mientras duermo las mil formas de que te enamores.

Es respirando tu olor que te siento cerca. Es tomando tus manos que mi vida se topa con suerte. Por eso, de intercambio, pretendo regalarte una forma de cambiar tu vida, de olvidar fronteras. Una manera de coser heridas, de llenar el vacío; de olvidar el pasado y tenerte conmigo. Como un capricho, me dedico a darle forma escrita a mis ideas, con la obsesión de hacerte feliz como sea. Sin pensarlo, solo actuando; y en silencio, los secretos del verso se pierden en el final de este cuento.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Y algún día, tal vez.


Claro que tengo que ser delicado, quiero pintarte sonrisas en los labios con amaneceres; escribir el guión de un sueño en tus noches, y en cada página, sin que lo notes, esconder un beso, una caricia; o simplemente convertir palabras en ilusiones. Por eso entre párrafos voy armando el rompecabezas de tu mirada e intento darle respiro a mi agitación. Si tus ojos son la puerta del destino, quiero robarte besos y limpiar tus lágrimas, y algún día, tal vez, sentir tus latidos junto a los míos.

Tengo que ser fuerte, paciente. Porque conquistar tus pensamientos es el deseo de mi suerte, y lucho cada noche contra los miedos que silencian mis canciones, contra la bulla que no me deja entender de razones. Puede que no sepa adornar tu vida, que mis palabras se queden cortas. Puede que aún escondiendo que estas palabras van para ti, sepas que cada gota que sudo, cada pequeño detalle de mi vida, se llena con la ilusión que, tal vez sin sentido, me regalan tus palabras.

Te conviertes en el futuro, en la incógnita de mi vida. En la posibilidad, la simple posibilidad de convertir un sueño en mi realidad. Una oportunidad, un deseo. Y nada más que eso. Pero poco a poco dejo a mi imaginación correr, y definiéndote mi falta de cordura, trato de conquistarte a la distancia, trato de que pienses lo que pienso. Sí, como escribiendo el guión de un sueño en tus noches.

Duermo, deliro mientras camino. La vida ahora gira, cambia, se esconde. Y los restos del pasado van clavando espinas en los pies. Una simple aceptación, la realidad de que las cosas vuelven a cambiar. Pero con la luz de tus palabras, de tu voz, de tu mirada. Y con esa ilusión que enreda mis sentidos logro calmar las ansias de caer, de llorar. Una vez más, solo una más. Pero suenan los latidos del corazón, y con tus manos, la tranquilidad del cuidado, el silencio y tu mirada; toda mezcla perfecta de olvido y esperanza.

Enamorado de la oportunidad, la que tiene tu olor, la que dejas escapar mientras respiras. Por eso, cada pensamiento que te regalo se convierte en mi camisa de fuerza, en mi almohada; el descanso que necesito y la caricia que me preparas. Puede que se derrumbe el mundo entero, pero la intención de luchar por tus besos me motiva a construir todo de nuevo, a creer en el viento, el que respiras y te da vida; en imaginarte mía por un segundo, un momento de eternidad, el regalo del tiempo con la ironía de la realidad.

Pero en estás páginas puedo escribir lo que sea. Puedo escribir el guión de tus sueños. Puedo esconderte besos y caricias. Puedo pintarte amaneceres que se confundan en sonrisas, convertir estrofas en ilusiones. Incluso, puedo intentar robarte un beso o limpiarte una lágrima. Pero las palabras se llenan con el sentimiento, con las acciones. Por eso, permito que el tiempo juzgue lo que escribo, lo que te digo. Y algún día, tal vez, sentir tus latidos junto a los míos.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Y yo termino de contarte esta historia.


Yo cuidaba de tus sueños. Intentaba protegerte de tus miedos. Y en la calma que traía la luna, yo dibujaba corazones en tus manos. Calentaba tu frío con mis labios. El dolor de tus heridas lo abrazaba con el reflejo de las estrellas. Por eso mi inspiración siempre calza con tu sonrisa. Y cada palabra que escribo tiene el olor de tus besos, tu recuerdo.

Era mi manera de cobijarte por las noches, la caricia delicada que necesitabas para dormir. Un beso, la ilusión de un instante eterno, un segundo rescatado, el silencio que se ignora. Y en cada puesta de sol te contaba historias, las que están calcadas en mi mente, las que muchas veces pinté con tus ojos, con la intención de conquistarte con ternura, con paciencia; entonces amarrar un lazo en tu memoria, con mi nombre escrito, para desnudar en sonrisas tu alegría, y poco a poco convertirte en felicidad.

Sin despertar, solo soñar. Solo consentir tus oídos con mis palabras, y poder poco a poco ablandarte el corazón. No será el sonido, ni la bulla de mis intenciones, a veces la simpleza de cada detalle se convierte en perfección, y contra luz, la silueta de este amor tuvo forma de sonrisa, de carcajada. Ahora, me he dedicado a disfrutar de tu alegría, de tus labios. Acurrucarme en tus regazos, compartirte mi vida. Quiero que tus ojos se conviertan en mi ventana, para ver paisajes preciosos cada día por la mañana.

Como un colador de sueños. Cierro los ojos y me enamoro cuando te veo. Siempre en lucha, la mente, la bruta. Por eso tuve oídos sordos, por eso siempre escuché el corazón. Duele. Duele pero no hay mejor dolor que dejar morir un poco de mi corazón, por un beso, por sentir tus manos; y cada lágrima en tu recuerdo la guardo en una gaveta, para recordar tus errores, y aprender de los míos.

Y algún día llegarás. Y te contaré las historias que habían en mi mente. Cuando cerraba los ojos y me enamoraba al verte. Cuando lloré por creer que te había encontrado. Y tantas cartas que te escribí, que ahora el tiempo las guarda en reposo. Y dibujaré corazones en tus manos, mientras duermes, con la luz de la luna. Y con cada estrella que brille le daré calor al frío de tus heridas. Y tus ojos serán mi ventana y tu sonrisa mi inspiración. Y te amarraré un lazo, un lazo con mi nombre; para que nunca olvides, para que nunca dudes.

Ahora el sol termina de ponerse y yo termino de contarte esta historia calcada en mi mente. Con la misma intención de hace tantos años; de conquistarte, con ternura y paciencia. Y una vez más, mi inspiración calza con tu sonrisa.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Mi viejo.


Una idea que surge, resuena. Un momento casi perdido, pero ganado. Aprovechándome del calendario, el que marca tu fecha. Un despilfarro de frases, de oraciones entrecortadas. Buscando un significado. O mejor, un sentimiento. Entonces marco líneas, repinto el norte, los escondites. Y escarbo el rincón de mi memoria, buscando algo. Una forma de remendar, de aliviar. Mejor dicho, de expresar. Para robarte una pequeña sonrisa, una simple alegría. Un pequeño rayo de luz. Una pequeña manera de demostrarte cuánto te quiero.

Y tal vez me pueda perder en la musicalidad de lo que escribo. Como esa característica, como la huella que marca cada cosa que escribo. Como un pincel, que pinta la obra; como estas palabras que dedico, que se inspiran en recuerdos y toman aire de memorias. Cosas que quedan, cosas que se olvidan; silencios que enseñan, palabras que suenan en la mente.

Desde pequeño, el cariño ha sido la constante; esa humor que cobijas con sonrisas y enseñanzas. La forma más delicada de cosechar sabiduría, la que con el paso de los años he ido absorbiendo, como estudiante de la vida, tomando cada lección como una forma más de seguir adelante. Pues no existe mejor profesor de mi camino que el que me ha enseñado con el ejemplo.

Una forma exquisita de dar la clase, de guiar los pasos. Manteniendo la cordura, perdiendo los estribos; pero siempre, en algún momento, ese arrebato de paciencia, de tener todo controlado. El balance. Las emociones, solo las pertinentes; y la calma, esa característica casi esencial que te ha mantenido el corazón latiendo en medio de tantos problemas.

Muchas lágrimas compartidas. Cuando estuvimos cerca de perder a la persona que más queríamos. Conversaciones que no han necesitado horas para representar algo en mi vida. Errores, discusiones; simples tareas que sudan conocimiento. Y del humor, ese fino compañero. La manera elegante y precisa de arrebatar sonrisas. Como regalando pequeños adelantos de alegría.

Ante todo la perseverancia. Puedo decir que he aprendido a no quedarme en el suelo, a luchar, a ver cada día con positivismo a pesar de estar en el fondo. Luchar, por una familia, por vivir, por simplemente respirar. Porque morimos en el momento donde dejamos de soñar; morimos cuando la ilusión se esconde, cuando se borra.

Esa forma de recitar. De expresar en la voz sentimientos que dormían en palabras, en párrafos sin leer. Simplemente no quiero dejar que nada se quede atrás, y traer conmigo el recuerdo de la persona que ha dejado su vida por mí; la persona que me ha puesto primero, la que me permite crecer, aprender, vivir y soñar. Solo quiero, con estas palabras, dedicar lo mejor de mí, a la persona que me ama sin presiones, sin exigencias; a quien le ha tocado sufrirme y disfrutarme desde que nací.

Y si tan solo pudiera dejar anclado este recuerdo tan perfecto, y tatuarlo con palabras en el tiempo; desearía poder alcanzar una sonrisa que te haga sentir bien. Pues a pesar de todo, de los problemas y los errores, la vida no pudo haberme regalado un papá mejor; y un día como hoy le doy gracias infinitas al destino por permitirme vivir cerca de una persona con el corazón tan grande, y compartir mi sangre y principios con él.

Por eso, estas palabras tienen un destino bien claro: tu corazón. Y quizás, sirva como un alivio en el dolor, el cansancio. Ese que te ha hecho tambalear. Pero te has mantenido fuerte, luchador. Como siempre te he visto. Y ahora, sencillamente te dedico lo que mejor puedo hacer, y lo envuelvo con la fachada de un regalo en este día tan importante. Simplemente, gracias por existir.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Ahora te dejo.

Ahora adorno mi presente con el recuerdo de tu mirada, pues es lo único que queda de ti. Aquella sonrisa inocente que me hacía soñar; tus manos unidas a las mías. Por eso decidí alejarme. Dejarte crecer. Luchando contra el dolor de dejarte ir, de olvidarme de tus besos. Por eso vendo recuerdos a quién quiera reír, porque la memoria es ahora la ironía de mi presente. Pero entiendo, y con el corazón en la mano, corto el pedazo que te pertenece a ti, para sanar la tristeza y curar las lágrimas que arden en mis ojos; y de una u otra forma perderte entre párrafos, olvidarte en palabras.

Siempre, detrás de tu sonrisa inocente, guardabas un secreto que mataba, una mentira evidente. Por eso, la dulzura de tus labios se convertía en el veneno de este amor de locos, un amor vencido desde el momento que, con los hechos, mataste la confianza. Un amor sin piernas que caminó por la insistencia, la necedad de un corazón distraído, un sentimiento golpeado; la absurda ilusión de creer que detrás de tus palabras guardabas una emoción, sin llegar nunca a entender que la fachada es muy distinta a lo que hay por dentro.

Y compré mentiras en rebajas, sin sospechar que el dolor se escondía en tu mirada. Pero es que era imposible imaginarte fría, calculadora. Era imposible creer que podías golpearme con ternura, con delicadeza. Porque en esta vida las heridas que más duelen son las hechas con amor. Un amor falso, que pretende pero nunca alcanza; un amor que se aprovecha de un sentimiento que empaña los ojos de la mente; como la locura que sentía cuando decías que me amabas; cuando sentías que te enamorabas.

Ahora te dejo, y lo hago para siempre. Para verte crecer, para que aprendas a vivir; a sufrir. Porque de eso se trata, de escribir memorias, coser recuerdos; aprender que los errores son tan necesarios como las sonrisas. Te dejo, y te veo crecer. Aprender. Y en poco tiempo serás una gran mujer, con la capacidad humana de querer, de amar. De serle fiel a los principios mas no a una persona; pues las personas fallan, los principios no.

Te veo crecer. Te veo aprender. Y hasta cierto punto fui tu cuaderno para escribir, tu prueba y error. Ese saco que se golpea, que se lastima; la lágrima que se desperdicia. La intensidad de lo insensato, una forma de interiorizar tu llanto; una puerta para tus mentiras, el objetivo de tu maldad. Pero todo vale la pena, pues ahora creces, ahora aprendes.

Ahora me toca a mi. Me toca crecer, me toca aprender. Fuiste mi cuaderno donde escribir, fuiste las palabras que dediqué. Esa inspiración que desaparece por momentos, esa luz que parpadea en mis recuerdos. Sobre todo fuiste la persona a la que amé, a la que cuidé. Con la que me equivoqué y aprendí. Fuiste, y exactamente eso es lo importante ahora; pues pretendo encarcelarte en el pasado y asfixiar tus mentiras con la esperanza de encontrarte con otro rostro, otra sonrisa y otros ojos que me ilusionen, que me motiven, pero ante todo que no lastimen.

Quiero un descanso. Quiero compartir con el sonido el silencio de mi circunstancia. Yo soy mi locura y mis ideas. Pero libre de sentir, de sufrir. Como un pintor de palabras en medio de un mar de desconsuelo. Pretendo dejar a un lado lo que pasa, y dedicarme a buscarte por el mundo, imaginar que existes.

Una vez más, en medio de tanta irracionalidad, entiendo que lo que acabó, no volverá. Es tan difícil disfrutar el presente con los recuerdos del pasado. Es tan difícil dejar el presente, con las esperanzas del futuro. Porque no crece el que no lucha, no aprende el que no se escucha.

Una manera poco real de decirle a la vida que estoy cansado de andar. Pero antes de dejar a un lado mis motivos, antes de cerrar la puerta a mis ideas. Antes de abandonar por siempre mi camino, antes de hacer silencio en tus oídos. Incluso antes de escribir estas palabras, prefiero buscarle un sentido a la ignorancia.

Cosechar las palabras viejas, y convertir rimas en realidades. Sentir que cada párrafo es un poco de mí, entregado para que el tiempo no me permita partir. De esa forma puedo pretender que la distancia será el recorrido que tengo que dar para encontrarme a mí. Y que, a pesar de todo, en cada rincón de mi cuerpo hay un poco de ti.